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el sabroso oficio / del dulce mirar GóngoraWie schwer es ist, die Schönheit zu begreifen! Günter Eich

jueves, 24 de enero de 2013

Francisca Aguirre - "Mi hija y yo recorremos las calles..."

Fotografía de Conrado Ugarte

Éste es uno de los poemas que la poeta Francisca Aguirre ha leído en la mañana de hoy para los alumnos de varios centros de enseñanza secundaria en el Aula de Poesía Enrique Díez-Canedo de Badajoz. Esta tarde, a las ocho, habrá la acostumbrada lectura abierta al público en el Salón de actos del Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC).



A mi hija, que tanto añora el mar


Mi hija y yo recorremos las calles
con la esperanza de encontrar el mar.
Es domingo y las calles brillan quietas
en este atardecer del mes de mayo.
La ciudad tiene aire de aula de colegio
que aún conserva las voces de los niños.
Mi hija y yo paseamos despacio,
navegamos los bulevares largos y desiertos
confiando en que el aire nos sorprenda
con el olor a brea de la costa.
Y algo de marinero hay en la tarde:
una melancolía de marea,
un rumor que se pierde en la arboleda
distribuyendo pájaros y peces.
Mi hija y yo cruzamos las aceras,
mientras la tarde lucha por quedarse:
todo late despacio como el mar.
Cruza el aire un vencejo solitario
y al volver una esquina, sonriente,
nos saluda la luna.

¡Oh ciudad, caracola de cemento!

Francisca Aguirre

De su libro La herida absurda (Bartleby Editores, 2006)


Reseña de La herida absurda (Blog Encuentros de lecturas)

Reseña de Los trescientos escalones (Blog Encuentros de lecturas), obra con la que Francisca Aguirre ganó el Premio Ciudad de Irún en 1976, y que ha sido reeditada por Bartleby el año pasado.





2 comentarios:

Paco Campos dijo...

Desde el Orzán, a los pies del furioso Atlántico, proclamo: ¡qué auténtico y sabio!

Paco

El transcriptor dijo...

¡Que suerte tienes, Paco! Más de una vez he paseado por allí y he pensado en la fortuna de quienes pueden mirar y sentir el mar desde un piso alto cualquiera de la zona de Orzán y Riazor.

Un saludo desde tierra adentro,


Pedro