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el sabroso oficio / del dulce mirar GóngoraWie schwer es ist, die Schönheit zu begreifen! Günter Eich

domingo, 5 de enero de 2014

Manuel Vicent - Brindis

Fotografía de María Elena Valencia



BRINDIS

A mitad de enero en la valla publicitaria de enfrente, que a las seis de la tarde ya estaba a oscuras, sobre las piernas largas de esa modelo que anuncia un perfume se detendrá un sol imprevisto, muy dulce; al inicio de febrero, llore o ría la Candelaria, se despertará la savia de los árboles y apuntarán las gemas en las ramas desnudas; en marzo muchos sueños que uno alimentó con el año nuevo ya habrán sido derrotados: no has encontrado trabajo y tampoco has adelgazado; en cambio, las flores que perdieron los almendros han sido recuperadas por los cerezos. Pese a todo, deberás seguir adelante, puesto que el sol cumplirá con su oficio inexorable sin contar con las tormentas del corazón. Puede que este sea el artículo malo que uno repite siempre al comenzar el año, pero el sol, siendo como es una bomba de hidrógeno, también se repite y no pasa nada. Mientras las gotas metálicas del deshielo caen de los cobertizos sobre el humeante estiércol del ganado, de la última nieve resplandeciente de abril nacerán rosas en mayo y las nubes pasarán por las veletas de los campanarios cargadas de bienes o llenas de maleficios contra el trigo y el viñedo que peina las lomas. Sin duda, ante la puerta del verano, con la fe renovada, pensarás: tengo que rebelarme, no voy a dejar que me machaquen más, quiero luchar. Aquellas gemas que despertó la savia serán frutas en los mercados, cerezas de junio, ciruelas de julio, fresquillas de agosto, moscatel de septiembre. Mientras el sol decline la luz para pudrir las hojas amarillas de otoño, si finalmente has conseguido no rendirte, obtendrás también tu propia cosecha, tal vez la brisa deliciosa de un amor, el deleite de las risas con los amigos, la gracia de un placer secreto que te conceda un dios pagano. Cuando en noviembre se cierren los días y el recuerdo de los muertos fermente bajo tierra, surgirá del légamo el presagio de que todo va a resucitar de nuevo. Diciembre dejará caer el sol en el abismo, pero con el solsticio de invierno volverá a crecer desde las tinieblas y ese será el momento de recuperar la inmortalidad de cada hora. Ante la orilla sagrada donde nos espera el destino, levanta la copa y brinda por los buenos días del pasado y por todos los sueños imposibles. Seguir vivos es la victoria.

Manuel Vicent


(El País, 5 de enero de 2014)



2 comentarios:

Paco Campos dijo...

aunque un poco tarde, ¡qué hermoso artículo...!, me recuerda a "Cantiga do desemprego" del gran Fausto, aunque ésta es más amarga

Paco

El transcriptor dijo...

Me gusta mucho Vicent, sobre todo cuando habla de cosas como éstas, y de comida y amistad, y de más cosas.

Es verdad que la canción de Fausto tiene otro tinte más negro, aunque parece suavizado por la música que compuso:


CANTIGA DO DESEMPREGO

Fumo um cigarro deitado
no mês de Janeiro.
Fecho a cortina da vida
e espreguiço em Fevereiro.

E procuro trabalho
nesta esperança de Março.
Já me farta tanto Abril
e aquilo que não faço.

Espreito por um funil
a promessa de Maio,
porque espera prometido,
nessa já não caio.

Que nos dias de Junho
o sol quente de Julho,
esfrego as mãos de contente
num sorriso de entulho.

Para teu grande desgosto
janto contigo em silêncio,
e lentamente esquecido
digo-te adeus em Agosto.

Meu Setembro perdido
numa esquina que eu roço,
e penso em Outubro
o menos que posso.

Mas quando sinto a verdade
daquilo que cansa,
nunca houve vontade
do tempo de andança,
e sinto força em Novembro,
juro luto em Dezembro.


Fausto