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el sabroso oficio / del dulce mirar GóngoraWie schwer es ist, die Schönheit zu begreifen! Günter Eich

martes, 12 de mayo de 2015

Joaquín Vidal - La sombra del barbero era paralelepípeda



Esta es la crónica taurina de Joaquín Vidal de que hablaba en La palabra. Aunque a uno no le gustan los toros, le gustaba, le gusta, como escribía este maestro de periodistas.



LA SOMBRA DEL BARBERO ERA PAPALELÉPIPEDA

El barbero es un personaje fundamental en la fiesta y sin embargo no se le hace justicia. El barbero, pese a su importancia, es un perfecto desconocido. Lo único que se conoce del barbero es su sombra, que se proyecta -nítida, eso sí- en la cabecita de los toros. Por la sombra le conoceréis. Cada barbero tiene su estilo y unos dejan los cuernos de los toros redonditos, otros poquillo puntiagudos, o acaso se sienten artistas y esculpen allí figuras. Lo habitual son plátanos, brochas de afeitar o pirulís de la Habana, pero puede haber barberos geniales que hacen trabajos de fantasía. Así el de Alcalá. El barbero que proyectó su sombra en las cabecitas de cuatro de los toros lidiados en Alcalá, hacía paralelepípedos.La afición estaba conmovida porque nunca había visto cuernos semejantes. Más grandes o más chicos, afilados o romos, toscos o pulidos, sí, y en toda la gama. Ahora bien, cuernos que no parecieran cuernos, eso no lo había visto jamás la afición. ¡Palalelepípedos en lugar de cuernos! ¡Oh, la innovación que estaba necesitando la fiesta!. El Ministro del Interior, que ocupaba una barrera, tomaría nota para incorporla al nuevo reglamento.

La sombra paralelepípeda del barbero no sólo es una belleza en sí misma sino que provoca triunfos apoteósicos. Espartaco cortó tres orejas palalelepípedas y salió a hombros. Si hubiera justicia en este mundo, habría salido a hombros con el barbero, abrazadicos los dos, compartiendo el triunfo. Sería lo justo. Pues si uno puso el arte de dar pases pases, el otro puso el arte de dar lima y estos son artes complementarios, por lo que se ve.

El arte de Espartaco en su aborregado primer toro consistió en ligar perfectamente pases muy largos y suaves -citando fuera de cacho, doblado en ángulo, el brazo en cambio recto estirado cuan largo es, la suerte descargada-, luego hacer alardes de aproximación a los cuernos para lelepípedos, girando entre ellos con ademán gallardo o con expresión estoica, según. Literalmente enardeció la plaza, que le. aclamaba entre alborotos de entusiasmo. En su más desabrido segundo toro consistió el arte de Espartaco en muletear crispado, quitarse del alcance de los cuernos paralelepípedos cuando era menester, no ligar pases. Ni falta que le hacía. Tampoco se trataba de torear y además nadie se lo exigía. Quién sabe: a lo mejor se pone a torear y le da un disgusto al público.

El público tiene hecho el patrón de cada cual y le exige en consecuencia. A Fernando Lozano, por ejemplo, que demostrara sus ganas de ser torero, y resultó sobradamente complacido. Lozano lo demostró. Aprovechando la boyantía del tercer toro paralelepípedo, hizo una larga y ortodoxa faena construída sobre el armazón de los derechazos y los naturales, que sejalearon con entusiasmo, y quedó claro su propósito -finalmente ínsatisfecho- de torear al sexto, que era un toro nada paralelepípedo, serio, fortachón y bronco.

A Curro Vázquez el público le exigía que hiciera gala de su gusto torero ligando pases artísticos y todo lo demás. Como si fuera tan fácil. Naturalmente, para ligar pases artísticos y todo lo demás se necesita toro adecuado y Curro Váquez no lo tuvo. El pti mero tenía media arrancada; el otro salió grande, cornalón, poderoso y violento. Entre aficionados (media docenita, si llegaba) existía la impresión barruntativa de que el señor Vázquez había acudido allí de primo.

No le importó al señor Vázquez, sin embargo, e hizo gala del gusto torero que le exigían cuajando una tanda de redondos y sobre todo trincherillas, ayudados y pases de la firma, única muestra del toreo puro que hubo en la tarde. De donde se deduce que un torero artista y cabal no necesita toros paralelepípedos. Para torear toros paralelepípedos hay que ponerse boina. O llevarla en el alma.

Joaquín Vidal

(El País, 2-9-1989)




(Fotografía de Sergio Lubetzky)