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el sabroso oficio / del dulce mirar GóngoraWie schwer es ist, die Schönheit zu begreifen! Günter Eich

lunes, 21 de diciembre de 2015

Ingeborg Bachmann - País de niebla




PAÍS DE NIEBLA

En invierno está mi amada
entre los animales del bosque.
Que debo volver antes del amanecer,
la zorra lo sabe y se ríe.
¡Cómo tiemblan las nubes! Y a mí
en el cuello de nieve me cae
una capa de hielo quebradizo.

En el invierno es mi amada
un árbol entre los árboles e invita
a las chovas dejadas de la suerte
a su bella enramada.Sabe
que el viento, cuando oscurece,
su rígido traje de noche,
por la escarcha cubierto,
levanta y a mí me echa de casa.

En invierno está mi amada
bajo los peces y está muda.
Esclavo de las aguas que la línea
de sus aletas desde dentro mueve,
estoy en la orilla y veo
hasta que me empujan los hielos,
cómo se sumerge y se revuelve.

Y de nuevo por el reclamo del pájaro
tocado, que sus alas sobre mí tensa,
me precipito en pleno campo: ella despluma
los pollos y me arroja un blanco
tobillo. Lo pongo sobre el cuello
y me voy por el flojel amargo.

Infiel es mi amada,
lo sé ella va en vilo a veces
en altos zapatos hacia la ciudad,
besa en los bares con el canuto
los vasos en lo hondo de la boca
y viene sus palabras para todos.
Pero ese lenguaje no lo entiendo.

País de niebla he visto.
Corazón de niebla he comido.


Ingeborg Bachmann


En Antología esencial de la poesía alemana. Introducción y traducción de José Luis Reina Palazón. Colección Austral, 2004.


Ingeborg Bachmann (1926 - 1973) fue una poetisa y autora austríaca. Fue una de las más destacadas escritoras en lengua alemana del siglo XX.


Cinco poemas de Ingeborg Bachmann


Poemas de Bachmann en A media voz



NEBELLAND

Im Winter ist meine Geliebte
unter den Tieren des Waldes.
Daß ich vor Morgen zurückmuß,
weiß die Füchsin und lacht.
Wie die Wolken erzittern! Und mir
auf den Schneekragen fällt
eine Lage von brüchigem Eis.

Im Winter ist meine Geliebte
ein Baum unter Bäumen und lädt
die glückverlassenen Krähen
ein in ihr schönes Geäst. Sie weiß,
daß der Wind, wenn es dämmert,
ihr starres, mit Reif besetztes
Abendkleid hebt und mich heimjagt.

Im Winter ist meine Geliebte
unter den Fischen und stumm.
Hörig den Wassern, die der Strich
ihrer Flossen von innen bewegt,
steh ich am Ufer und seh,
bis mich Schollen vertreiben,
wie sie taucht und sich wendet.

Und wieder vom Jagdruf des Vogels
getroffen, der seine Schwingen
über mir steift, stürz ich
auf offenem Feld: sie entfiedert
die Hühner und wirft mir ein weißes
Schlüsselbein zu. Ich nehm’s um den Hals
und geh fort durch den bitteren Flaum.

Treulos ist meine Geliebte,
ich weiß, sie schwebt manchmal
auf hohen Schuh’n nach der Stadt,
sie küßt in den Bars mit der Strohhalm
die Gläser tief auf den Mund,
und es kommen ihr Worte für alle.
Doch diese Sprache verstehe ich nicht.

Nebelland hab ich gesehen,
Nebelherz hab ich gegessen.