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el sabroso oficio / del dulce mirar GóngoraWie schwer es ist, die Schönheit zu begreifen! Günter Eich

lunes, 14 de diciembre de 2015

Julio Llamazares - La Poesía


Éste es el rótulo de la librería coruñesa La Poesía de que habla Julio Llamazares en el artículo publicado hoy en El País, y en el que hace referencia a una entrevista con Manuel Rivas en Babelia, de la que podemos leer aquí un pequeño fragmento.

Paseando por la querida ciudad de La Coruña, A Coruña, no pude dejar de fijarme en ella, y publiqué en 2013 una entrada con una fotografía que puede verse abajo. Hace unos meses recorté el rótulo para encabezar este espacio donde manda la poesía.


La Poesía

¿Puede haber un nombre mejor para una librería que La Poesía?

Sinceramente, yo no conozco ninguna palabra mejor que esa que nombra el estadio máximo de la emoción para llamar a un establecimiento cuyo sentido final es vender poesía, ya sea esta como género, ya sea como el misterio que hace que las palabras signifiquen más que lo que su etimología dice y que ha de estar en todos los géneros literarios para que la escritura no sea una simple sucesión de letras. La propia etimología griega de poesía (poieo: crear) lo confirma.

Pensaba yo en estas cosas leyendo hace un par de sábados la entrevista en el suplemento literario de este periódico con Manuel Rivas y, en concreto, el pasaje en el que el escritor nombraba una librería de su ciudad ya cerrada cuyo nombre, que aún permanece sobre la puerta escrito en letras pintadas, me hizo pararme ante ella en mi última estancia en Coruña, allá por el mes de febrero. Decía Rivas que en La Poesía compró o deseó sus primeros libros como el que compra o desea sus primeros juguetes y que más de una vez ha pensado en alquilarla y reabrirla, pues es la librería de su memoria. Yo le comprendo perfectamente, pues aquella mañana coruñesa, al pasar frente a La Poesía camino del Museo de Bellas Artes, donde se mostraba una exposición de Picasso, que en A Coruña comenzó a pintar, aún sin tener ningún recuerdo de ella, la fachada y el nombre de la librería cerrada me conmovieron tanto que por mi cabeza pasó un instante la misma idea que por la de mi colega Rivas ¿Quién no quisiera regentar un local con ese nombre: La Poesía, fuera cual fuera su dedicación?

Acabo de leer la novela de Manuel Rivas El último día de Terranova que originó la entrevista en este periódico que me trajo el recuerdo de aquella librería coruñesa que nunca conocí abierta pero cuyo nombre hizo detener mis pasos y todavía entiendo más la emoción que desprenden esos lugares que, como La Poesía, son más que tiendas de libros. Se refiere la novela de Rivas, un bello texto lleno de poesía que habla de los sentimientos, el verdadero argumento de la literatura y el arte desde sus primeros tiempos pero que últimamente no parece estar de moda (lo que importa es divertir, no hacer pensar), a todos esos románticos, escritores o no, libreros o no, compradores de libros o no, que piensan que estos son más que objetos y que la poesía es el motor de la vida; personajes, en fin, capaces de pensar y decir cosas como ésta: “Estoy de pie frente al mar y tengo miedo a girarme y que todo desaparezca para siempre”.

Julio Llamazares




En la entrada mencionada podían leerse unos versos del poeta mexicano Salvador Novo. El estado actual del edificio es bastante peor: "Librería La Poesía - La Coruña"


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Preguntaba Javier Rodríguez Marcos a Manuel Rivas (Babelia):


P. ¿Recuerda la primera vez que entró en una [librería]?

R. Sí, se llamaba La Poesía. Luego nos acercamos por allí. Está cerrada, pero conserva algo. Cada vez que paso por ahí pienso: “¿Por qué no me hago librero?, ¿por qué no abro La Poesía?”. Tengo una especie de culpa. En casa no había libros y le compramos uno a mi madre. Siempre se le regalaba algo para la casa —una fregona, una cafetera— y mi hermana María, que era la vanguardia, dijo que le compráramos uno porque en la niñez mi madre había leído mucho. Por casualidad. Murió mi abuela y mi abuelo se quedó con 10 hijos. Era campesino, vivía al lado de la casa rectoral y una sobrina del cura medio adoptó a mi madre, que subía al desván y se pasaba el día leyendo vidas de santos, que es lo que había, pero también estaban los poemas de Rosalía. El primer libro de mi vida fue oír a mi madre recitar a Rosalía. Ella era la boca de la literatura. Total, que nos fuimos a La Poesía y vimos un libro que coincidía bien con el presupuesto. Era un tocho; mucho mejor, un regalo más grande. Se titulaba Cinco mil años de historia. Mi madre lo abrió y, bueno, asomó de una lágrima. Nunca tuve miedo de entrar en las librerías. Si vamos es porque hay gente con la que nos gusta estar, no solo por los libros, aunque los libros también son gente.



3 comentarios:

Paco Campos dijo...

emotiva entrada, maese Pedro


Paco

Salamandrágora dijo...

Conozco este local. Desgraciadamente, yo tampoco la recuerdo abierta. Muchas gracias, Pedro. Con tu permiso, comparto. Aprovecho, también, para seguir felicitándote por este blog magnífico. Sin duda, uno de mis favoritos.
Aprovecho, también, para desearte unas felices fiestas y un excelente 2016.
Y que nosotros sigamos disfrutando de tus interesantes entradas.

Un abrazo.

El transcriptor dijo...

¿Qué tal, meu caro Paco? Las varias veces que he estado en A Coruña he pasado siempre por la calle donde se encuentra lo que queda de esta librería, y siempre la he fotografiado, y pensado "¿Cómo sería en sus buenos tiempos?", que por lo que dice la amiga Salamandrágora, deben ser bastante lejanos. Qué lástima.

Recuerdo una librería lisboeta llamada "Poesia (in)completa", que sólo vendía poesía, cerca de la Praça do Príncipe Real, y que lamentablemente cerró hace unos tres años ("sin pérdidas", dijo el dueño).

Para consolarnos, nos queda, que yo sepa, la fabulosa Librería Hiperión (Salustiano Olózaga, 14) en Madrid, verdadero paraíso de los amantes de la poesía.


Aquele abraço, corunheses!
(e mais uma vez obrigado pelas tuas palavras, Salamandrágora. A gente continua nisto por pessoas como vocês. Partilhar é que é bom)