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el sabroso oficio / del dulce mirar GóngoraWie schwer es ist, die Schönheit zu begreifen! Günter Eich

viernes, 22 de julio de 2016

Jesús Hilario Tundidor - Aniversario

Plaza de Sagasta, en Zamora, durante la Guerra Civil


Acompañando a su gran amigo Claudio Rodríguez, que murió tal día como hoy de 1999, tenemos a otro zamorano, Jesús Hilario Tundidor (1935), con un poema de su estremecedor libro Pasiono (1972)



ANIVERSARIO

Muy río de despojos, tarde ahora
es la enmienda del hombre, patria, cauce
donde una fiel memoria de inocencia revisa
la sangre y se tortura.
Yo no he podido más,
no puedo más, no puedo
reconciliar la antigua ribera, el hondo rastro,
la pasión más hermosa de mi vida:
mi juventud, mi tiempo, aquella
luminosa mañana
que pudo ser —no fue, no ha sido nunca—
con este viejo asombro de puente en paz sombrío.

¿Quién contó con la humilde
voluntad de mi infancia, quién me dijo que un día
esta hijuela, este impuro dolor descalzo fuese
mi patrimonio? ¿Quién
pidió el torvo miedo,
la niñez desolada, la amargura, las cosas
horribles de la guerra, y la guerra, y los bajos
fondos de la injusticia?
Muchas son ya las sombras
de las espesas hojas de un bosque en treinta años,
mucho el silencio, y sola
y poderosa la verdad, y única.

Debiera hoy recibirte,
España, en alegría,
igual que si tuvieses en mi pleura cedido
todo tu aire a modo
de campanas o viento.
Y nunca fui hacia ti con más miseria,
ni tan seco ni áspero
como la tierra donde tu sonido es hermoso:
¿Fue necesaria tanta muerte, tanta
cruz, tanto dolor? Oh, quién te puso
tan pálida, quién clavó en las raíces
más hondas de tu estrella inmortal estremecida
cardos airados, nieblas
de largo pómulo? Ay, España, desviado
tu corazón cayó en la noche, fuimos
arrastrados con él.
Henos ya cercenada
la ronda de los sueños, áridos como arena
al sol, perdida
la fe en el hombre, las estrellas del aire, el alma
de otra más alta y digna fraternidad posible.

Éramos niños. No
pedíamos escombros
sino pan y ternura. Nos dijeron que aquello: los vendajes, la muerte,
era la patria. Nos engañaron antes
de haber sufrido. Nadie
nos dijo una verdad.
Por ello pido ahora
mi vida, mi propia vida,
no este río de aguas malolientes, este sucio despojo, esta quimera
inválida. Sé
que es en vano y es triste.

Jesús Hilario Tundidor