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el sabroso oficio / del dulce mirar Góngora – ¡Qué difícil es entender la belleza! Günter Eich

lunes, 24 de junio de 2019

Chico Buarque - Morena dos olhos d'água



Desenhos de Fefê Torquato para esta canción de Chico  Buarque, Morena dos olhos d'água.

Aquí, "Mônica Salmaso + Caetano - Morena dos olhos d'água"




Akiko Yosano - "escuchando el piano..."




escuchando el piano
que toca la muchacha española
en el piso de abajo,
despierto, me levanto,
peino mi pelo negro...

Akiko Yosano

Poeta de la pasión (Akiko Yosano). Traducción, introducción y notas de José María Bermejo y Teresa Herrero. Poesía Hiperión, 2007.




domingo, 23 de junio de 2019

Juan Luis Panero - Noche de San Juan



NOCHE DE SAN JUAN

Anticuado, interrogo las estrellas,
su desnudo, inapelable misterio,
mientras miro las llamas en la playa,
en esta noche cuando empieza el verano.
Lector de Drieu o Pavese, sé también
lo sencillo que puede ser acabar con la historia,
no preguntar ya nada, olvidar para siempre
esta apariencia de tarjeta postal.
Frente a mí, imperturbables, desveladas,
pasan, en silencio, vida y muerte,
evitando, con un rictus cansado,
este fantasma insomne, este papel en blanco,
esta hoguera apagada que perdura.

Juan Luis Panero



(Fotografía de triste_psique - Deseos entre las cenizas)



"Estar poeta" (Blog 'Poesía, intemperie')


"Estar poeta", entrada publicada el 23 de junio de 2009 en el blog Poesía, intemperie, de José Luis Gómez Toré.


Escribe Jorge Riechmann en su muy recomendable libro de ensayos Resistencia de materiales la siguiente afirmación, que comparto plenamente: "La estupidez de decir: "soy poeta". Lo más que cabría enunciar es algo así como "estoy poeta": estoy ahora en la poesía. Estoy, pero no sé si seguiré estando en el instante siguiente, mañana, dentro de un año. De ahí la angustia de los más grandes ante la posibilidad -siempre presente- de ser abandonados por la poesía".

La observación de Riechmann me hace pensar en Claudio Rodríguez, no tanto por ese reconocimiento de la poesía como un don pasajero (que también) como por la conciencia del riesgo que entraña la aventura poética. Tuve la suerte (el inmenso privilegio) de asistir a un curso de doctorado dirigido por García Berrio sobre la obra de poeta que contó con la presencia de éste. No he olvidado la mirada de verdadera alarma de Claudio Rodríguez mientras hablaba sobre la posibilidad de que alguien no dejara de ser poeta nunca. Lejos de parecerle algo deseable, el autor de Don de la ebriedad consideraba una suerte de condena que alguien pudiera mirar el mundo a cada instante con ojos de poeta. Escribe Hölderlin: "Nur zuzeiten erträgt göttliche Fülle der Mensch", el hombre sólo puede soportar la plenitud divina por un tiempo. Bien lo sabía el poeta alemán, quien en la carta a Bohlendorf, confesaba haber sido herido por Apolo, el dios que inspira cantos y poemas que es, al mismo tiempo, la divinidad terrible que trae la peste al comienzo de la Ilíada. Dios a la vez de la medicina y de la enfermedad, muestra su rostro ambivalente en ese sol que hace brotar la vida de la tierra y que también agosta los campos.

Piglia cuenta una inquietante anécdota sobre Joyce, quien recurrió a Jung para curar la enfermedad de su hija. Joyce animaba a su hija a escribir, convencido de que esto le serviría, como le servía a él, para expulsar sus fantasmas. Jung, sin embargo, le hizo ver que, aunque padre e hija se sumergían en el mismo mar del inconsciente, Joyce era capaz de nadar en él mientras que la hija se hundía en sus profundidaes sin que ni siquiera la escritura le sirviera para tomar aire de la superficie. Jung lo dijo de manera más concisa y más brillante: "Pero allí donde usted nada, ella se ahoga".

José Luis Gómez Toré