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el sabroso oficio / del dulce mirar Góngora – ¡Qué difícil es entender la belleza! Günter Eich

viernes, 31 de julio de 2009

Una fotografía para Clarice (Nati Canto)


Fotografía de Nati Canto


Mis desequilibradas palabras son el lujo de mi silencio.

Clarice Lispector


Minhas desequilibradas palavras são o luxo do meu silêncio.


Nota. Las palabras de la escritora brasileña Clarice Lispector que acompañan a la fotografía fueron elegidas por Nati Canto.


El guardián entre el centeno (J. D. Salinger)


Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de la infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no hay quien les gane. Además, no crean que voy a contarles mi autobiografía con pelos y señales. Sólo voy a hablarles de una cosa de locos que me pasó durante las Navidades pasadas, antes de que me quedara tan débil que tuvieran que mandarme aquí a reponerme un poco. A D. B. tampoco le he contado más, y eso que es mi hermano. Vive en Hollywood. Como no está muy lejos de este antro, suele venir a verme todos los fines de semana. Él será quien me lleve a casa cuando salga de aquí, quizá el mes próximo. Acaba de comprarse un «Jaguar», uno de esos cacharros ingleses que se ponen en las doscientas millas por hora como si nada. Cerca de cuatro mil dólares le ha costado. Ahora está forrado el tío. Antes no. Cuando vivía en casa era sólo un escritor corriente y normal. Por si no saben quién es, les diré que ha escrito El pececillo secreto, que es un libro de cuentos fenomenal. El mejor de todos es el que se llama igual que el libro. Trata de un niño que tiene un pez y no se lo deja ver a nadie porque se lo ha comprado con su dinero. Es una historia estupenda. Ahora D. B. está en Hollywood prostituyéndose. Si hay algo que odio en el mundo es el cine. Ni me lo nombren.

Empezaré por el día en que salí de Pencey, que es un colegio que hay en Agerstown, Pennsylvania. Habrán oído hablar de él. En todo caso, seguro que han visto la propaganda. Se anuncia en miles de revistas siempre con un tío de muy buena facha montado en un caballo y saltando una valla. Como si en Pencey no se hiciera otra cosa que jugar todo el santo día al polo. Por mi parte, en todo el tiempo que estuve allí no vi un caballo ni por casualidad. Debajo de la foto del tío montando siempre dice lo mismo: «Desde 1888 moldeando muchachos transformándolos en hombres espléndidos y de mente clara». Tontadas. En Pencey se moldea tan poco como en cualquier otro colegio. Y allí no había un solo tío ni espléndido, ni de mente clara. Bueno, sí. Quizá dos. Eso como mucho. Y probablemente ya eran así de nacimiento.

J.D. Salinger, El guardián entre el centeno / The Catcher in the Rye, 1ª ed. 1945




jueves, 30 de julio de 2009

Soneto XVII (Shakespeare)



Se cumplen en este año los 400 de la publicación de los Sonetos de Shakespare. El 13 de febrero apareció aquí el soneto XLVI. Hoy, es el XVII. Esta vez, además de la versión de García Calvo, ya utilizada entonces, traigo una muy reciente, la de Christian Law Palacín, en endecasílabos blancos. Que los amantes de la poesía lean, comparen y se queden con la que más les guste.



XVII

¿Quién creerá en el futuro a mis poemas
si los colman tus méritos tan altos?
Y soy, lo sabe Dios, como una tumba
que esconde y muestra apenas tus virtudes.

Si pudiera nombrar tus bellos ojos
y en metros nuevos numerar tus gracias,
diría el porvenir: “Miente el poeta,
son rasgos celestiales y no humanos”.

Se haría burla de mis viejos pliegos
como de los ancianos charlatanes,
sería la evidencia “un rapto lírico”,
“verso inflamado de canción antigua”.

Mas si entonces viviera un hijo tuyo,
mis versos y él dos vidas te darían.


Sonetos (William Shakespeare) Traducción de Christian Law Palacín, Bartleby Editores, 2009.


XVII

¿Quién dará fe a mi verso en la futura era
si, de ti pleno, tu más alta gracia alaba?
Aunque —el cielo lo sabe— sólo tumba era
de tu vida, y de ti ni aun la mitad mostraba.

Si tus hermosos ojos escribir lograra
y en frescos números contar tu flor completa,
diría el nuevo siglo «Miente este poeta:
nunca el cielo en la tierra así tocó una cara»;

y harían de mis folios, ya amarillos, mofa,
como de un viejo de menor edad que labia;
tus justos méritos los llamarían rabia
de un vate y de balada antigua hinchada estrofa.

Pero un hijo de ti estuviera entonces vivo:
vivieras doble, en él y en mi rimado archivo.


The Sonnets / Sonetos de amor (Shakespeare) Texto crítico y traducción de Agustín García Calvo, Editorial Anagrama, 2ª ed. 1983 [1ª en 1974]


XVII

Who will believe my verse in time to come
if it were filled with your most high deserts?
Though yet heaven knows it isbut as a tomb
which hides your life and showsnot half your parts.

If i could write the beauty of your eyes
and in fresh numbers number all your graces.
the age to come would say «This poet lies:
such heavenly touches ne'er touched earthly faces».

So should my papers, yellowed with their age,
be scorned, like old men of less truth than tongue,
and your true rights be termed a poets rage
and stretchèd meter of an antique song.

But were some child of yours alive that time,
you should live twice, in it and in my rhyme.
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miércoles, 29 de julio de 2009

Miles de ojos cegados (Juan Eduardo Zúñiga)

MILES DE OJOS CEGADOS

¡Qué vulnerables han sido los ojos humanos!

Peligros incontables les han acechado y por su misma fragilidad han sido objeto de constantes ataques. En cuanto arreciaba una guerra, una conjura, unos odios o un desdén, los ojos -los bellos y delicados ojos de algún hombre o mujer- eran rajados con puntas aguzadas o carbonizados al contacto de un hierro al rojo.

La furia humana tendió espontáneamente a golpear el corazón o los ojos, y así equiparó en importancia a los dos órganos por los que se manifiesta la fuerza de la vida. La cólera se revuelve contra los ojos; la envidia, el rencor, el despotismo, han sido enemigos de los ojos acusadores. Al dictarse una sentencia de muerte se condenaba no a un cuerpo humano sino a dos globulillos de materia blanda, de irisaciones delicadas pero de inquietante fijeza e insistencia.

La mirada ajena es como si fotografiase nuestros actos, que ya no podremos negar: hemos sido vistos y esto da carácter público e histórico a lo que hemos hecho y que quisiéramos que nadie supiera. Por eso el ojo ha sido perseguido porque era un motivo más de angustia y recelo, por ejemplo, ese ojo divino, encerrado en un triángulo, que aparece en el cielo en momentos terribles, según se ve en las láminas de libros piadosos. En la reunión en la que un dictador bananero firma el acuerdo con la Fruit Company, un reportero le enfoca con su cámara: el general levanta la cabeza airado, teme que la foto se divulgue por medio de ese otro ojo inexorable de durísimo vidrio y bordes de acero que capta la avaricia, la crueldad. Igual que a este siniestro personaje, cubierto de condecoraciones, las manos sucias de haber matado, todo queda reflejado en el cristalino, y la más perfecta y prodigiosa cámara, como es la memoria, ha ido recibiendo y archivando cuantos actos realizó el ser humano en presencia de otros.

La historia guarda el recuerdo de una condena a ceguera colectiva en el siglo X, época bárbara que justifica en parte tal decisión pero que no sería ni la primera ni la última. Fue ésta la de un emperador griego, después de una batalla entre búlgaros y bizantinos, en la que la suerte socorrió a estos últimos y les dio la victoria. El emperador Basilio II mandó cegar a los prisioneros, y no sería demasiado aventurado pensar que el monarca habría deseado alguna vez cegar a todo el mundo, a sus propios súbditos para que su poder y sus dominios, donde estaba su familia, sus favoritos, las dádivas y las venganzas, los negocios y las torturas, no tuvieran más testigos en adelante. Habría deseado acabar con los ojos que a hurtadillas vigilaban la alegre impunidad de gobernante.

Cientos de hombres, uno a uno, fueron conducidos hasta una tienda de campaña y estando dentro se oía un alarido que después seguía y seguía cuando aquel hombre era devuelto al grupo de los suyos. Por cada veinte ciegos, uno fue dejado tuerto. Se le conservó ese resto de vista para que sirviera de guía y pudieron regresar a Bulgaria.

Se formaron escuadras y se les dio la orden de marchar. Cogidos de las manos, aún manando la sangre por sus mejillas, entre lamentos y quejidos, emprendieron el regreso por los vericuetos de las montañas de Tracia.

Las crónicas cuentan que se dirigieron hacia el lugar donde estaba el zar búlgaro Samuil. Debieron de marchar bastantes días, no se sabe a costa de qué sufrimientos: muchos quedarían en los caminos, caerían por los precipicios y de ellos se encargarían los lobos. Pero, al fin, llegaron y se presentaron frente al palacio y entraron en el patio. El zar fue avisado de aquellos visitantes que no esperaba. Corrió a una ventana para verlos, contempló el espectáculo de la multitud muda, comprendió la iniquidad que habían sufrido y su corazón dejó de latir. Aferrado al alféizar de la ventana fue cayendo lentamente al suelo.

No bastaba la crueldad en sí; el monarca griego perseguía otra más refinada: no sólo inutilizaba para la guerra a aquellos hombres sino que les reducía al silencio porque el relato que pudieran hacer de la batalla, de lo sucedido, no tendría la fuerza convincente sin los ojos que diesen su intensidad a las palabras ya que las inmóviles pupilas no retendrían la atención del interlocutor.

No obstante, cuando nos imaginados al zar búlgaro cayendo fulminado en el borde de la ventana, intuimos una mayor crueldad, que él debió entender. Samuil comprendió lo que le había querido augurar su imperial enemigo: que gobernaría súbditos ciegos, los peores súbditos que puede tener un monarca. El rey de tales súbditos también participa de esa inutilidad y está condenado a igual aislamiento y ceguera.

El malvado bizantino condenaba a Samuil a gobernar hombres incompletos, la peor afrenta a un soberano. Esta precisa reciprocidad con sus gobernados, ver y crear con ellos la obra común, sentirse odiado o admirado pero no rodeado de indiferencia, de desinterés y de ojos vacíos como tienen los súbditos a los que se les ha negado o arrebatado la visión política. Basilio II anticipó formas modernas de gobierno en la barbarie de su decisión.

Juan Eduardo Zúñiga

(El País, 7-06-2003)

Pina & Isadora






¿Estará preparando Pina Bausch alguna coreografía para Isadora Duncan?


Isadora Duncan (1878-1927)

Pina Bausch (1940-2009)



martes, 28 de julio de 2009

Merce Cunningham




Merce Cunningham (1919-2009). Bailarín y coreógrafo renovador de la danza contemporánea.


Artículo de Roger Salas en El País.


Espuma (Claudio Rodríguez)


Aguas de El Ferrol (Fotografía de Petrus)


El 22 de julio de 1999 nos dejaba Claudio Rodríguez. Sirva "Espuma", uno de sus más hermosos poemas, para recordarlo de nuevo.


ESPUMA

Miro la espuma, su delicadeza
que es tan distinta a la de la ceniza.
Como quien mira una sonrisa, aquella
por la que da su vida y le es fatiga
y amparo, miro ahora la modesta
espuma. Es el momento bronco y bello
del uso, el roce, el acto de la entrega
creándola. El dolor encarcelado
del mar, se salva en fibra tan ligera;
bajo la quilla, frente al dique, donde
existe amor surcado, como en tierra
la flor, nace la espuma. Y es en ella
donde rompe la muerte, en su madeja
donde el mar cobra ser, como en la cima
de su pasión el hombre es hombre, fuera
de otros negocios: en su leche viva.
A este pretil, brocal de la materia
que es manantial, no desembocadura,
me asomo ahora, cuando la marea
sube, y allí naufrago, allí me ahogo
muy silenciosamente, con entera
aceptación, ileso, renovado
en las espumas imperecederas.


Luz de Bahía (Juca Filho)





Barra Grande, en el estado brasileño de Bahia. Fotografía de Juca Filho.

lunes, 27 de julio de 2009

Poesía y lengua materna (Paul Celan)



"Uno no puede expresar su verdad más que en su lengua materna; en una lengua extranjera, el poeta miente."

Paul Celan


Mi vocación (Fernando Aramburu)


"Mi vocación, a la que he dedicado incontables horas de mi vida, consiste en el laborioso y sostenido afán de componer cada día, con el mayor esmero posible, las obras por las que inevitablemente seré olvidado."

Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959)


Aramburu se dio a conocer con la publicación de Fuegos con limón (1996). Después ha publicado las novelas Los ojos vacíos (2000); El trompetista del Utopía (2003, adaptada al cine por Félix Viscarret con el título de "Bajo las estrellas"); Vida de un piojo llamado Matías (2004) y Bami sin sombra (2005).

Los peces de la amargura (2006) es un libro de relatos centrado en las víctimas del terrorismo de ETA. Este libro ganó el Premio "Dulce Chacón" de Narrativa Española 2007 y el Premio Real Academia Española 2008.


domingo, 26 de julio de 2009

Edward Hopper















Autorretrato (1925-1930)

Edward Hopper (1882-1967) fue un famoso pintor estadounidense, célebre sobre todo por sus retratos de la soledad en la vida norteamericana contemporánea.


sábado, 25 de julio de 2009

Autorretrato a los 56 años (Graciliano Ramos)

Graciliano Ramos en la librería José Olympio, en Río de Janeiro

El novelista brasileño Graciliano Ramos (1892-1953) escribió este "Autorretrato a los 56 años", en el que concluye diciendo que "Espera morir con 57". Murió en 1953 sin haber cumplido 61.


AUTORRETRATO A LOS 56 AÑOS

Nació en 1892, en Quebrangulo, Alagoas.
Casado dos veces, tiene siete hijos.
Altura 1,75.
Zapato n.º 41.
Talla n.º 39.
Prefiere no andar.
No le gustan los vecinos.
Detesta la radio, el teléfono y los timbres.
Le horrorizan las personas que hablan alto.
Usa gafas. Medio calvo.
No tiene preferencia por ninguna comida.
No le gustan las frutas ni los dulces.
Indiferente a la música.
Su lectura favorita: la Biblia.
Escribió “Caetés” con 34 años de edad.
No le da preferencia a ninguno de sus libros publicados.
Le gusta beber aguardiente.
Es ateo. Indiferente a la Academia.
Odia a la burguesía. Le encantan los niños.
Novelistas brasileños que más le agradan: Manoel Antônio de Almeida, Machado de Assis, Jorge Amado, José Lins do Rego y Rachel de Queiroz.
Le gustan las palabrotas escritas y dichas.
Desea la muerte del capitalismo.
Escribió sus libros por la mañana.
Fuma cigarros “Selma” (tres paquetes al día).
Es inspector de enseñanza, trabaja en el “Correo de la Mañana”.
A pesar de que lo consideran pesimista, discrepa de todo.
Sólo tiene cinco trajes de ropa, estropeados.
Rehace sus novelas varias veces.
Ha estado preso dos veces.
Le es indiferente estar preso o en libertad.
Escribe a mano.
Sus mejores amigos: Capitão Lobo, Cubano, José Lins do Rego y José Olympio.
Tiene pocas deudas.
Cuando fue alcalde de una ciudad del interior, soltaba a los presos para que construyesen carreteras.
Espera morir con 57 anos.



AUTO-RETRATO AOS 56 ANOS

Nasceu em 1892, em Quebrangulo, Alagoas.
Casado duas vezes, tem sete filhos.
Altura 1,75.
Sapato n.º 41.
Colarinho n.º 39.
Prefere não andar.
Não gosta de vizinhos.
Detesta rádio, telefone e campainhas.
Tem horror às pessoas que falam alto.
Usa óculos. Meio calvo.
Não tem preferência por nenhuma comida.
Não gosta de frutas nem de doces.
Indiferente à música.
Sua leitura predileta: a Bíblia.
Escreveu “Caetés” com 34 anos de idade.
Não dá preferência a nenhum dos seus livros publicados.
Gosta de beber aguardente.
É ateu. Indiferente à Academia.
Odeia a burguesia. Adora crianças.
Romancistas brasileiros que mais lhe agradam: Manoel Antônio de Almeida, Machado de Assis, Jorge Amado, José Lins do Rego e Rachel de Queiroz.
Gosta de palavrões escritos e falados.
Deseja a morte do capitalismo.
Escreveu seus livros pela manhã.
Fuma cigarros “Selma” (três maços por dia).
É inspetor de ensino, trabalha no “Correio da Manhã”.
Apesar de o acharem pessimista, discorda de tudo.
Só tem cinco ternos de roupa, estragados.
Refaz seus romances várias vezes.
Esteve preso duas vezes.
É-lhe indiferente estar preso ou solto.
Escreve à mão.
Seus maiores amigos: Capitão Lobo, Cubano, José Lins do Rego e José Olympio.
Tem poucas dívidas.
Quando prefeito de uma cidade do interior, soltava os presos para construírem estradas.
Espera morrer com 57 anos.



Unos pocos datos (en portugués) sobre Graciliano Ramos.


(Traducido por El transcriptor)


Martin Lazarev



















Fotografías de Florianópolis, en el estado brasileño de Santa Catarina, por un fotógrafo estonio, Martin Lazarev.


viernes, 24 de julio de 2009

"El sonido del remo" (Bashô)

Fotografía de Aurelio Asiain

El sonido del remo
en el agua
en la noche
impávida de frío

Bashô

(Versión de Alberto Silva en El libro del haiku, Visor Libros, 2008)

Bashoo y Kikaku


A los treinta años, Bashoo comienza su escuela, y tiene como primer discípulo a Kikaku. Una anécdota de este período, plenamente reveladora, viene a abrirnos camino hacia la intuición poética de Bashoo. Cierto día Bashoo y Kikaku iban andando por los campos, y se quedaron mirando a las líbelulas que revoloteaban por el aire. El discípulo compuso en ese momento un haiku:

¡Libélulas rojas!
Quítales las alas
y serán vainas de pimienta.

A esto objetó el maestro: "No. De ese modo has matado a la libélula. Di más bien:

¡Vainas de pimienta!
Añádeles alas
y serán libélulas.

En este acontecimiento trivial descubrimos lo que para Bashoo es la vocación del poeta: vivificar la naturaleza, y no destruirla.



(Extraído del libro El haiku japonés. Historia y traducción, de Fernando Rodríguez-Izquierdo. poesía Hiperión, 5ª edición, 2005)



jueves, 23 de julio de 2009

El retrato de Dorian Gray (Oscar Wilde)


El retrato de Dorian Gray (original: The Picture of Dorian Gray) es una novela de Oscar Wilde, publicada en el Lippincott's Monthly Magazine el 20 de junio de 1890. Posteriormente, Wilde revisaría la obra, haría varias modificaciones y agregaría nuevos capítulos. El retrato de Dorian Gray es considerada una de las últimas obras clásicas de la novela de terror gótica con una fuerte temática faustiana. El libro causó controversia cuando fue publicado por primera vez; sin embargo, es considerado en la actualidad como "uno de los clásicos modernos de la literatura occidental."

La novela cuenta la historia de un joven llamado Dorian Gray, retratado por el artista Basil Hallward. Charlando en el jardín de Basil, Dorian conoce a Lord Henry Wotton, un amigo de Basil, y empieza a cautivarse por la visión del mundo de Lord Henry, el cual indica que "lo único que vale la pena en la vida es la belleza, y la satisfacción de los sentidos". Al darse cuenta de que un día su belleza se desvanecerá, Dorian desea tener siempre la edad de cuando le pintó en el cuadro Basil. El deseo de Dorian se cumple, mientras él mantiene para siempre la misma apariencia del cuadro, la figura en él retratada envejece por él. Su búsqueda del placer lo lleva a una serie de actos de libertinaje y perversión; pero, el retrato sirve como un recordatorio de los efectos de cada uno de los actos cometidos sobre su alma, con cada pecado siendo expuesto como una desfiguración de su rostro o a través de un signo de envejecimiento.



-Sentémonos a la sombra -dijo lord Henry -. Parker nos ha traído las bebidas, y si se queda usted más tiempo bajo este sol de justicia se le echará a perder la tez y Basil nunca lo volverá a retratar. No debe permitir que el sol lo queme. Sería muy poco favorecedor.

-¿Qué importancia tiene eso? -exclamó Dorian Gray, riendo, mientras se sentaba en un banco al fondo del jardín.

-Toda la importancia del mundo, señor Gray.
-¿Por qué?

-Porque posee usted la más maravillosa juventud, y la juventud es lo más precioso que se puede poseer.

-No lo siento yo así, lord Henry.

-No; no lo siente ahora. Pero algún día, cuando sea viejo y feo y esté lleno de arrugas, cuando los pensamientos le hayan marcado la frente con sus pliegues y la pasión le haya quemado los labios con sus odiosas brasas, lo sentirá, y lo sentirá terriblemente. Ahora, dondequiera que vaya, seduce a todo el mundo. ¿Será siempre así?... Posee usted un rostro extraordinariamente agraciado, señor Gray. No frunza el ceño. Es cierto. Y la belleza es una manifestación de genio; está incluso por encima del genio, puesto que no necesita explicación. Es uno de los grandes dones de la naturaleza, como la luz del sol, o la primavera, o el reflejo en aguas oscuras de esa concha de plata a la que llamamos luna. No admite discusión. Tiene un derecho divino de soberanía. Convierte en príncipes a quienes la poseen. ¿Se sonríe? ¡Ah! Cuando la haya perdido no sonreirá... La gente dice a veces que la belleza es sólo superficial. Tal vez. Pero, al menos, no es tan superficial como el pensamiento. Para mí la belleza es la maravilla de las maravillas. Tan sólo las personas superficiales no juzgan por las apariencias. El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo que no se ve... Sí, señor Gray, los dioses han sido buenos con usted. Pero lo que los dioses dan, también lo quitan, y muy pronto. Sólo dispone de unos pocos años en los que vivir de verdad, perfectamente y con plenitud. Cuando se le acabe la juventud desaparecerá la belleza, y entonces descubrirá de repente que ya no le quedan más triunfos, o habrá de contentarse con unos triunfos insignificantes que el recuerdo de su pasado esplendor hará más amargos que las derrotas. Cada mes que expira lo acerca un poco más a algo terrible. El tiempo tiene celos de usted, y lucha contra sus lirios y sus rosas. Se volverá cetrino, se le hundirán las mejillas y sus ojos perderán el brillo. Sufrirá horriblemente... ¡Ah! Disfrute plenamente de la juventud mientras la posee. No despilfarre el oro de sus días escuchando a gente aburrida, tratando de redimir a los fracasados sin esperanza, ni entregando su vida a los ignorantes, los anodinos y los vulgares. Ésos son los objetivos enfermizos, las falsas ideas de nuestra época. ¡Viva! ¡Viva la vida maravillosa que le pertenece! No deje que nada se pierda. Esté siempre a la busca de nuevas sensaciones. No tenga miedo de nada... Un nuevo hedonismo: eso es lo que nuestro siglo necesita. Usted puede ser su símbolo visible. Dada su personalidad, no hay nada que no pueda hacer. El mundo le pertenece durante una temporada... En el momento en que lo he visto he comprendido que no se daba usted cuenta en absoluto de lo que realmente es, de lo que realmente puede ser. Había en usted tantas cosas que me encantaban que he sentido la necesidad de hablarle un poco de usted. He pensado en la tragedia que sería malgastar lo que posee. Porque su juventud no durará mucho, demasiado poco, a decir verdad. Las flores sencillas del campo se marchitan, pero florecen de nuevo. Las flores del codeso serán tan amarillas el próximo junio como ahora. Dentro de un mes habrá estrellas moradas en las clemátides y, año tras año, la verde noche de sus hojas sostendrá sus flores moradas. Pero nosotros nunca recuperamos nuestra juventud. El pulso alegre que late en nosotros cuando tenemos veinte años se vuelve perezoso con el paso del tiempo. Nos fallan las extremidades, nuestros sentidos se deterioran. Nos convertimos en espantosas marionetas, obsesionados por el recuerdo de las pasiones que nos asustaron en demasía, y el de las exquisitas tentaciones a las que no tuvimos el valor de sucumbir. ¡Juventud! ¡Juventud! ¡No hay absolutamente nada en el mundo excepto la juventud!


(Fragmento del capítulo II)





miércoles, 22 de julio de 2009

Rosa de sanatorio (Ramón del Valle-Inclán)



ROSA DE SANATORIO

Bajo la sensación del cloroformo
me hacen temblar con alarido interno,
la luz de acuario de un jardín moderno.
y el amarillo olor del yodoformo.

Cubista, futurista y estridente,
por el caos febril de la modorra
vuela la sensación, que al fin se borra,
verde mosca, zumbándome en la frente.

Pasa mis nervios, con gozoso frío,
el arco de lunático violín;
de un si bemol el transparente pío

tiembla en la luz acuaria del jardín,
y va mi barca por el ancho río
que divide un confín de otro confín.

Ramón del Valle-Inclán (1866-1936)






martes, 21 de julio de 2009

El príncipe y el mago (John Fowles)

Ilustración de Egao-Chan (húngara)

EL PRÍNCIPE Y EL MAGO

Érase una vez un joven príncipe que creía en todas las cosas menos en tres. No creía en las princesas, no creía en las islas y no creía en Dios. Su padre, el rey, le dijo que nada de eso existía. Y como no había en los dominios de su padre princesas ni islas, ni tampoco señal alguna de Dios, el joven príncipe creyó lo que su padre le decía.
Pero un día el príncipe se escapó de palacio. Y llegó al país vecino. Allí se quedó asombrado al ver islas desde todas las costas. Y, en esas islas extrañas, criaturas a las que no se atrevió a dar su nombre. Cuando buscaba un barco, un hombre vestido de etiqueta se le acercó y el príncipe le preguntó:
- Eso que hay ahí, ¿son islas de verdad?
- Claro que son islas de verdad – dijo el hombre de traje de etiqueta.
- ¿Y qué son esas extrañas y turbadoras criaturas?
- Son todas ellas princesas auténticas.
- Entonces, ¡también Dios existe! – exclamó el príncipe.
- Yo soy Dios – repuso el hombre vestido de etiqueta, haciéndole una reverencia.
El joven príncipe regresó a su país lo antes que pudo.
- De modo que has regresado – le dijo su padre, el rey.
- He visto islas. He visto princesas. Y he visto a Dios – le dijo el príncipe en son de reproche.
El rey no se conmovió en absoluto.
- Ni existen islas de verdad, ni princesas de verdad ni Dios de verdad.
- ¡Yo lo he visto!
- Dime cómo iba vestido Dios
- Dios iba vestido con traje de etiqueta.
- ¿Te fijaste si llevaba arremangada la chaqueta?
El príncipe recordó que, efectivamente, así era. El rey sonrió.
- Eso no es más que el disfraz de los magos. Te han engañado.
Al oir esto, el príncipe regresó al país vecino, fue a la misma playa y encontró una vez más al hombre que iba vestido de etiqueta.
- Mi padre el rey me ha dicho – dijo el joven príncipe con indignación – quién es usted en realidad. La otra vez me engañó, pero no volverá a hacerlo. Ahora se que eso no son islas de verdad ni princesas de verdad, porque usted es un mago.
El hombre de la playa sonrió.
- Eres tú, muchacho, quién está engañado. En el reino de tu padre hay muchas islas y muchas princesas. Pero como estás sometido al hechizo de tu padre, no puedes verlas.
El príncipe regresó pensativo a su país. Cuando vio a su padre le miró a los ojos.
- Padre, ¿es cierto que no eres un rey de verdad, sino un simple mago?
El rey sonrió y se arremangó la chaqueta.
- Si, hijo mío, no soy más que un simple mago.
- Entonces, el hombre de la playa era Dios.
- El hombre de la playa era otro mago.
- Tengo que saber la verdad auténtica, la que está más allá de toda magia.
- No hay ninguna verdad más allá de la magia – dijo el rey.
El príncipe se quedó muy triste.
- Me suicidaré – dijo.
El rey hizo que por arte de magia apareciese la muerte. La muerte se plantó en el umbral y llamó al príncipe. El príncipe se estremeció. Recordó las bellas aunque irreales islas y las bellas aunque irreales princesas.
- Muy bien – dijo -. No puedo soportarlo.
- Lo ves, hijo – dijo el rey – También tú empiezas a ser mago.


John Fowles (1926-2005), novelista y ensayista británico. Fue autor de obras como El coleccionista (1963) y La mujer del teniente francés (1968), que fueron llevadas a la pantalla.



lunes, 20 de julio de 2009

Vivir por la alegría

Fotografía de Pedro Luis Gómez Barrondo

"He vivido por la alegría y por ella muero, y sería un agravio poner sobre mi tumba el ángel de la tristeza."

Julius Fučík


A mi hermano Miguel (César Vallejo)


César Vallejo por Picasso


A MI HERMANO MIGUEL

Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa,
donde nos haces una falta sin fondo.
Me acuerdo que jugábamos a esta hora, y que mamá
nos acariciaba: "Pero hijos..."

Ahora yo me escondo,
como antes, todas estas oraciones
vespertinas, y espero que tú no des conmigo
Por la sala, el zaguán, los corredores.
Después, te ocultas tú, y yo no doy contigo.
Me acuerdo que nos hacíamos llorar,
hermano, en aquel juego.

Miguel, tú te escondiste
una noche de agosto, al alborear;
pero, en vez de ocultarte riendo, estabas triste.
Y tu gemelo corazón de esas tardes
extintas se ha aburrido de no encontrarte. Y ya
cae sombra en el alma.

Oye, hermano, no tardes
en salir. ¿Bueno? Puede inquietarse mamá.



Este poema de César Vallejo (1892-1938), dedicado a su hermano Miguel, pertenece al libro Los heraldos negros (1918). ¡Cuánto amor y cuánta ternura en estas palabras del poeta peruano!



domingo, 19 de julio de 2009

Stêvz / ê.









Estêvão Vieira, Stêvz, es un ilustrador y dibujante de comics (histórias de quadrinhos) brasileño. De su página y de su blog, Cumulus Absurdum, he extraído las ilustraciones que podemos ver hoy.


sábado, 18 de julio de 2009

Mathieu Bertrand Struck
















Mathieu Bertrand Struck es un fotógrafo de Curitiba, capital del estado brasileño del Paraná. De esa ciudad son todas las fotografías, menos la última, hecha en Pontal do Paraná.