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el sabroso oficio / del dulce mirar Góngora – ¡Qué difícil es entender la belleza! Günter Eich

jueves, 29 de enero de 2009

Cien años de soledad (Gabriel García Márquez)

Estación de Aracataca
(Foto de Hannes Wallraffen)

Mapa de Macondo
(dibujado por C. Elliott, A. Fehr, E. Nelson y R. Robertson)

Inauguramos esta sección, Así empieza..., con el comienzo de un libro mítico de la literatura en castellano, Cien años de soledad (1967), obra de Gabriel García Márquez, Premio Nobel en 1982.

Cuando el autor entregó el manuscrito en una editorial española, lo rechazaron, y le dijeron, al parecer, que debía dedicarse a otra cosa... . Si así fue, ¡qué ojo de lince el de aquellos editores! Se publicó finalmente en Buenos Aires y la primera edición, de 8000 ejemplares, se agotó en 15 días. Hasta la actualidad ha sido traducida a 40 lenguas y se han vendido unos 40 millones de ejemplares, nada menos. Cien años de soledad es todo un clásico de nuestra lengua.

García Márquez transformó su Aracataca natal en Macondo y con la publicación de su libro lo hizo universal.


Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y un los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. «Las cosas tienen vida propia pregonaba el gítano con áspero acento, todo es cuestión de despertarles el ánima.» José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aún más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: «Para eso, no sirve.»



Otras obras, entre muchas: La hojarasca, Los funerales de la Mamá Grande (cuentos), El otoño del patriarca, Crónica de una muerte anunciada, El amor en los tiempos del cólera.

miércoles, 28 de enero de 2009

El nombre y las intenciones de este blog


El autor del verso que sirve de título a este blog se llamaba Claudio Rodríguez (Zamora, 1934-Madrid, 1999) y es considerado por algunos críticos y poetas como el mejor poeta español del siglo XX. Así de sencillo.

Escribió poemas que nos dejan sin aliento (tal vez os parezca que exageramos un poco), como "La mañana del búho", donde se encuentra el verso Cómo cantaba mayo en la noche de enero, que nos parece tan "tremendo" que hemos decidido bautizar este blog con él; o "Espuma", que comienza así:

Miro la espuma, su delicadeza
que es tan distinta a la de la ceniza.

O "A las estrellas":

¡Que mi estrella no sea la que más resplandezca
sino la más lejana!

El arte de la contemplación, de saber ver lo que otros no ven. Eso es lo que hacen los buenos poetas.

Tendremos aquí poemas, fragmentos en prosa, microrrelatos, columnas de diarios... de autores españoles, portugueses, italianos, ingleses, etc. (siempre en español; aun cuando alguna vez pueda aparecer, además, el texto original), todo ello pensando, en principio, en alumnos de la Enseñanza Secundaria y de Bachillerato.

Pretendemos que los textos no sean muy largos, ya que nos acogemos a la máxima que dice Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Desde esta página, enviamos un saludo a todos los miembros del Club de Lectura del IES Extremadura de Montijo (Badajoz) y, por extensión, a todos aquellos que nos encuentren en el camino.

En relación con la poesía, para aquellos que dicen "Yo no entiendo eso...": si unos versos os dicen algo, aunque no entendáis exactamente todas las palabras o, sobre todo, por qué os dicen ese algo, la poesía ha llegado a vosotros, no lo dudéis.

Gabriel García Márquez, colombiano, Premio Nobel de Literatura en 1982 –a quien tendremos en la próxima entrada– escribió en cierta ocasión::

Uno de mis seres inolvidables es la maestra que me enseñó a leer a los cinco años. Era una muchachita bella y sabia que no pretendía saber más de lo que se podía, y era además tan joven que con el tiempo ha terminado por ser menor que yo. Fue ella quien nos leía en clase los primeros poemas que me pudrieron el seso para siempre. Recuerdo con la misma gratitud al profesor de literatura de bachillerato, un hombre modesto y prudente que nos llevaba por el laberinto de los buenos libros sin interpretaciones rebuscadas. Este método nos permitía a sus alumnos una participación más personal y libre en el prodigio de la poesía. En síntesis, un curso de literatura no debería ser mucho más que una buena guía de lectura.

Y eso es lo que pretendemos al empezar nuestra andadura en el blog Cómo cantaba mayo en la noche de enero.

Que os guste y disfrutéis.