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el sabroso oficio / del dulce mirar Góngora – ¡Qué difícil es entender la belleza! Günter Eich

martes, 30 de junio de 2009

Vicente Vila, 'Wila'

Vicente Vila Gimeno. Cultural Militias, Propaganda and Press, 1936- 1939


El más famoso de los carteles de propaganda republicana creados por el pintor Vicente Vila (1908-2009), que firmaba casi siempre como Wila, fue, sin duda, Soldado, instrúyete.

"Fue emblemático del espíritu de la República, que quería extender la formación y la cultura a todos los estratos sociales, incluso durante la guerra: a través de un periódico que se publicaba y se llevaba al frente, o con bibliotecas populares que se mantenían abiertas", ha declarado su hija.




No cerramos por vacaciones

Fotografías de Bocángel


CREPÚSCULO

La sombra cubre pétalos mirados
El viento se lleva el último gesto de una hoja
El mar ajeno y doblemente mudo
en el verano que apiada por sus luces

Un deseo de aquí
Una memoria de allá

Alejandra Pizarnik




Pensadores


El pensador (1880), de Auguste Rodin (1840-1917)



Fotografía de Jonathan Cohen




lunes, 29 de junio de 2009

El Charro Negro (Yoda Navarrete)



"Antiguamente, en México, el diablo solía aparecer vestido como un charro negro, con los botones dorados. La gente decía que en el lugar en que estaba era posible encontrar oro enterrado".

(En la página de Yoda Navarrete, Lady Orlando, en Deviant)


La misa de amor (Anónimo)

Sandro Botticelli (1445-1510)

LA MISA DE AMOR

Mañanita de San Juan,
mañanita de primor,
cuando damas y galanes
van a oír misa mayor.
Allá va la mi señora,
entre todas la mejor;
viste saya sobre saya,
mantellín de tornasol,
camisa con oro y perlas
bordada en el cabezón.
En la su boca muy linda
lleva un poco de dulzor;
en la su cara tan blanca,
un poquito de arrebol,
y en los sus ojuelos garzos
lleva un poco de alcohol;
así entraba por la iglesia
relumbrando como sol.
Las damas mueren de envidia,
y los galanes de amor.
El que cantaba en el coro,
en el credo se perdió;
el abad que dice misa,
ha trocado la lición;
monacillos que le ayudan,
non aciertan responder, non,
por decir amén, amén,
decían amor, amor.



Nota. Cabezón: Lista de lienzo doblado que se cosía en la parte superior de la camisa y, rodeando el cuello, se aseguraba con unos botones o cintas (DRAE).


domingo, 28 de junio de 2009

Ha muerto Victoriano Crémer

Fotografía reciente de Victoriano Crémer (El Mundo)

A los 102 años de edad, ha fallecido el poeta, novelista y ensayista Victoriano Crémer (Burgos, 1906), ligado a León desde su infancia. Fue un luchador antifranquista y fundador de la revista 'Espadaña', que sirvió de medio de expresión para muchos autores de la corriente llamada poesía desarraigada de posguerra. Era el único periodista de más de 100 años que publicaba un artículo diario.

LOS CAMINOS DEL AMOR

Huele a soledad el campo
tan breve, tan sin sentido,
bajo un firmamento abierto
de par en par.
¡Apetito
de tierra sola, de tierra
desterrada, de caminos
que nunca llegan a Roma!

La carretera es un río
enjuto que no se acaba
y que no tiene principio.

Pero la esperanza enseña
a creer lo que no vimos;
el aire, la luz, la música,
la palabra...

Desistimos
de andar mirando las cosas,
descubriendo los registros
concretos.

El alto cielo
nos orienta con sus guiños
fulgurantes.

Levantamos
la mirada y transcribimos
su fausta telegrafía:

«¡Para el amor no hay caminos!»



Artículo de Luis García Montero en El País

Alexéi von Jawlensky


Retrato del bailarín Alexander Sacharoff, 1909










Alexéi von Jawlensky (1864-1941), pintor y grabador nacido en Rusia, cuyos paisajes y retratos se caracterizan por sus formas sencillas, colores brillantes y trazos enérgicos.

Pasó gran parte de su vida en Alemania, donde expuso con pintores expresionistas alemanes interesados en sus mismas ideas pictóricas y que también utilizaban la distorsión y la exageración de trazos y colores como expresión de lo emotivo.


sábado, 27 de junio de 2009

Fernando Ocaña Fernández


















Esta es una muestra de los excelentes retratos que hace Fernando Ocaña Fernández con su Hasselbad 500CM. Si alguien quiere ver más fotografías, aquí las encontrará en su página de Flickr.



viernes, 26 de junio de 2009

Anna Ajmátova

Retrato de Anna Ajmátova por Nathan Altman (1914)




El ángel divino, habiéndose unido secretamente
como una mañana invernal,
no quita sus ojos anochecidos
de nuestra gozosa vida.

Por eso amamos el firmamento,
el aire sutil, el viento fresco
y las ramas ennegrecidas
tras la rama de hierro.

Por eso amamos la ciudad severa,
oscura y de aguas abundantes,
y amamos nuestras despedidas
y las horas de breves encuentros.

Anna Ajmátova


(Soy vuestra voz. Antología. Selección, prólogo y traducción del ruso: Belén Ojeda. poesía Hiperión. 1ª ed. 2005; 3ª ed., 2007)

Anna Andréyevna Ajmátova (ruso: Анна Андреевна Ахматова), de soltera Gorenko (1889- 1966), fue una destacada poetisa rusa. Junto con Ósip Mandelshtam fue una de las figuras más representativas de la poesía acmeísta de la Edad de Plata de la literatura rusa.

Anna Andréyevna Gorenko nació en 1889 en Odessa (Rusia), hija de una noble familia de origen tártaro. Su infancia no parece que fuese muy feliz; sus padres se separaron en 1905. Anna comenzó a escribir poesía a la edad de 11 años. Como su padre no quería ver ningún verso impreso bajo su "respetable" apellido, ella decidió adoptar el de su abuela tártara, Ajmátova, como pseudónimo.

En 1962, Ajmatova estuvo nominada al Premio Nobel de Literatura, pero no lo consiguió. Murió en Moscú en 1966. Su obra, traducida a un sinnúmero de lenguas, sólo aparecerá íntegra en Rusia en 1990.

El poeta ruso Joseph Brodsky la definió así: "Su sola mirada te cortaba el aliento. Alta, de pelo oscuro, morena, esbelta y ágil, con los ojos verdosos de un tigre polar, durante medio siglo la ha dibujado, pintado, esculpido en yeso y mármol, fotografiado un sinnúmero de personas, empezando por Modigliani. Los versos dedicados a ella formarían más volúmenes que su obra entera."




Para saber un poco más, Anna Ajmátova: poesía y destino.

Más poemas de ella, en A media voz.


Modigliani, 1911



jueves, 25 de junio de 2009

El general del ejército muerto (Ismail Kadare)


Ismail Kadare en 2002

Se acaba de conceder el Premio Príncipe de Asturias de las Letras al escritor albanés Ismail Kadare (no Kadaré, como suele escribirse a veces por influencia francesa).

En El Periódico leemos que su obra consta de más de 30 novelas; sin embargo no fue hasta la publicación de El general del ejército muerto, cuando crítica y público aunaron opiniones, pasando entonces a ser considerado el mayor escritor albanés del siglo XX. Otras de sus obras más importantes son El monstruo, Los tambores de la lluvia y Crónica de la ciudad de piedra.

Durante los últimos años, ha seguido publicando sus novelas de forma asidua como Tres cantos fúnebres por Kosovo (1999); Frías flores de marzo (2000); Noviembre de una capital (2000); El cortejo nupcial helado en la nieve (2001); Frente al espejo de una mujer (2002); Vida, representación y muerte de Lul Mazrekuz (2005), y La hija de Agamenónz (2007).

Publicamos un breve fragmento de El general del ejército muerto (Gjenerali i ushtrisë së vdekur), obra publicada en 1963 (encontrado en El Poder de la Palabra).

Éste es el argumento de la novela: Veinte años después de la derrota del ejercito fascista italiano en Albania durante la Segunda Guerra Mundial, se asigna a un general y un cura la tarea de desenterrar y repatriar los restos mortales de los soldados italianos muertos durante la guerra en aquellas tierras. En un principio el general acoge esta tarea con orgullo y con determinación utilizando todos los medios a su alcance, aun rodeados del escepticismo y recelo de los habitantes albaneses, pero al pasar el tiempo va perdiendo poco a poco esa determinación por una sensación de futilidad, tiene pesadillas recurrentes, se imagina que los muertos que va a desenterrar vuelven a la vida y él los dirige. Poco a poco se va enterando de las historias de algunos de los restos recuperados y se da cuenta de que esta empresa lo marcará de por vida.


Cuando entraron en la habitación grande, acompañados por el dueño de la casa, todos se removieron, murmuraron, alargaron las cabezas como un seto lleno de arbustos y flores de colores que se reanima inesperadamente con un golpe de viento.

(...)

Durante largo rato había observado desde la ventanilla del avión la imagen amenazadora de las montañas. Se diría que sus agudas cumbres fueran a rasgar en cualquier momento el vientre del aparato. Por doquier tierras abruptas. Sombrías laderas que se precipitaban bruscamente bajo la niebla. En aquellos abismos y barrancos, por toda aquella vastedad invernal se pudría bajo la lluvia el ejército que él venia a exhumar. Ahora que contemplaba por primera vez la tierra extranjera, experimentaba con mucha más claridad el turbio miedo que le ocasionaba desde hacía muchos meses la sensación de irrealidad a la que estaba unida su misión. Su ejército estaba allá abajo, fuera del tiempo, inmóvil, calcificado, cubierto por la tierra, y él habia asumido la tarea de alzarlo del barro. La sola idea le causaba temor. La suya era una misión antinatural, en la que la ceguera, la mudez y la absurdidad estarían siempre presentes.



Ismail Kadare nació en 1936 en Gjirokastra, una aldea montañesa del interior de Albania. A los nueve años vivió la ocupación nazi de su país. Estudió en la Universidad de Tirana y en el Instituto Gorki de literatura universal de Moscú hasta 1960.

Ese mismo año, tras la ruptura de relaciones entre Albania y la Unión Soviética regresa a su país donde se dedica a escribir para distintas revistas de literatura y publica sus primeras poesías. Sin embargo es con su primera novela El General del Ejército Muerto, publicada en 1963, con la que consigue reconocimiento dentro y fuera de su país como uno de los escritores albaneses de mayor talento. Desde entonces ha publicado numerosas obras que lo han situado como uno de los escritores europeos más importantes del siglo XX. Su obra ha sido traducida a más de 40 idiomas.

En 1990, justo antes de la caída del comunismo en Albania, Kadare solicitó asilo en Francia, afirmando que "Las dictaduras y la literatura auténtica son incompatibles... Un escritor es el enemigo natural de una dictadura." Kadare permaneció en Francia hasta 1999, momento en el que regresa a Albania.

Kadare es probablemente el intelectual más importante de Albania y uno de los más activos en Europa, donde su activo compromiso jugó un destacado papel en el esclarecimiento internacional del drama de los albaneses de Kosovo. Desde la estabilización parcial de la situación de los albanokosovares, Ismail Kadare vuelve a pasar largas temporadas en Tirana tras casi nueve años de autoexilio en Francia.

Ha sido varias veces candidato al Premio Nobel.


Ignacio Vidal-Foch escribe sobre Kadare: Un sabor inconfundible

miércoles, 24 de junio de 2009

3 citas de Vian


"El humor es la cara civilizada de la desesperación."

"Niego que una cosa tan inútil como el sufrimiento pueda dar derechos a lo que sea, al que sea, sobre lo que sea."

"Lo que me interesa, no es la felicidad de todos los hombres, es la de cada uno."

Boris Vian


L’humour, c’est la politesse du désespoir.

Je conteste qu'une chose aussi inutile que la souffrance puisse donner des droits quels qu’ils soient.

Ce qui m´intéresse, ce n´est pas le bonheur de tous les hommes c´est celui de chacun.

El lobo-hombre (Boris Vian)

La gueule du Loup (Dorothy Shoes)

Tal día como ayer, en 1959, murió Boris Vian.


En el Bois des Fausses–Reposes, al pie de la costa de Picardía, vivía un muy agraciado lobo adulto de negro pelaje y grandes ojos rojos. Se llamaba Denis, y su distracción favorita consistía en contemplar cómo se ponían a todo gas los coches procedentes de Ville–d'Avray, para acometer la lustrosa pendiente sobre la que un aguacero extiende, de vez en cuando, el oliváceo reflejo de los árboles majestuosos. También le gustaba, en las tardes de estío, merodear por las espesuras para sorprender a los impacientes enamorados en su lucha con el enredo de las cintas elásticas que, desgraciadamente, complican en la actualidad lo esencial de la lencería. Consideraba con filosofía el resultado de tales afanes, en ocasiones coronados por el éxito, y, meneando la cabeza, se alejaba púdicamente cuando ocurría que una víctima complaciente era pasada, como suele decirse, por la piedra. Descendiente de un antiguo linaje de lobos civilizados, Denis se alimentaba de hierba y de jacintos azules, dieta que reforzaba en otoño con algunos champiñones escogidos y, en invierno, muy a su pesar, con botellas de leche birladas al gran camión amarillo de la Central. La leche le producía náuseas, a causa de su sabor animal y, de noviembre a febrero, maldecía la inclemencia de una estación que le obligaba a estragarse de tal manera el estómago.

Denis vivía en buenas relaciones con sus vecinos, pues éstos, dada su discreción, ignoraban incluso que existiese. Moraba en una pequeña caverna excavada, muchos años atrás, por un desesperado buscador de oro, quien, castigado por la mala fortuna durante toda su vida, y convencido de no llegar a encontrar jamás el «cesto de las naranjas» (cito a Louis Boussenard)*, había decidido acabar sus días en clima templado sin dejar de practicar, empero, excavaciones tan infructuosas como maníacas. En dicha cueva Denis se acondicionó una confortable guarida que, con el paso del tiempo, adornó con ruedas, tuercas y otros recambios de automóvil recogidos por él mismo en la carretera, donde los accidentes eran el pan nuestro de cada día. Apasionado de la mecánica, disfrutaba contemplando sus trofeos, y soñaba con el taller de reparaciones que, sin lugar a dudas, habría de poner algún día. Cuatro bielas de aleación ligera sostenían la cubierta de maletero utilizada a manera de mesa; la cama la conformaban los asientos de cuero de un antiguo Amílcar que se enamoró, al pasar, de un opulento y robusto plátano; y sendos neumáticos constituían marcos lujosos para los retratos de unos progenitores siempre bien queridos. El conjunto armonizaba exquisitamente con los elementos más triviales reunidos, en otros tiempos, por el buscador.


De El lobo-hombre (Le loup-garou), libro de cuentos escritos entre 1945 y 1952.


Boris Vian (1920-1959) fue un escritor, poeta, inventor, ingeniero, cantante y músico francés, que también escribió con el seudónimo de Vernon Sullivan. Su obra fue a menudo controvertida. Escribió teatro, canciones, cuentos y novelas. Boris Vian nació en Ville-d’ Avray, Francia, en 1920. Sus estudios quedaron interrumpidos por la guerra, y al terminar ésta, Vian se dispersó en múltiples actividades: actor, cantante y músico de jazz, periodista y escritor, viviéndolas todas con tal furia e intensidad que perdería prematuramente la vida en 1959. Sus tres primeras novelas, firmadas con el seudónimo de Vernon Sullivan y escritas entre 1946 y 1947, amargas y virulentas, suscitaron entonces un gran escándalo. Más tarde seguiría su obra más madura, aunque no menos desesperada, entre otras, El otoño en Pekín, Que se mueran los feos, La hierba roja y El arrancacorazones.


"Leer es hablar con las letras"

Niña en una escuela del barrio nicaragüense de San Judas

"Leer es hablar con las letras. Si alguien aprende a leer, algo tiene que pasarle."

Palabras de una madre nicaragüense analfabeta que apoyó a su hija para que fuese a la escuela y escapase de su futuro destino como "mujer en la cocina criando hijos", que era en lo que creía el padre de familia. De esa forma, la niña, Elba Ribera, llegó a ser, entre otras cosas, master en Educación y Ciencias Políticas por la Universidad de Tübingen.


martes, 23 de junio de 2009

La estatua más alta (Eduardo Galeano)


Indios patagones

LA ESTATUA MÁS ALTA

A fines del siglo diecinueve culminó, a tiros de Remington, el vaciamiento de la Patagonia argentina.

Los pocos indios que sobrevivieron a la matanza cantaron, al irse:

Tierra mía: no te alejes de mí,
por más lejos que me vaya yo.

Ya Charles Darwin había advertido, en su viaje a la región, que los indios no se extinguían por selección natural, sino porque su exterminio respondía a una política de gobierno. Domingo Faustino Sarmiento creía que las tribus salvajes constituían un peligro para la sociedad, y el autor del safari final, el general Julio Argentino Roca, llamaba animales salvajes a sus víctimas.

El ejército llevó adelante la cacería en nombre de la seguridad pública. Los indios eran una amenaza y sus tierras, una tentación. Cuando la Sociedad Rural lo felicitó por la misión cumplida, el general Roca anunció:

-Están libres para siempre del dominio del indio esos vastísimos territorios que se presentan ahora llenos de deslumbradoras promesas al inmigrante y al capital extranjero. Seis millones de hectáreas pasaron a manos de sesenta y siete propietarios. Cuando murió, en 1914, Roca dejó a sus herederos sesenta y cinco mil hectáreas de tierras arrancadas a los indios. En vida, no todos los argentinos habían sabido valorar la abnegación de este guerrero de la patria, pero la muerte lo mejoró mucho: ahora tiene la estatua más alta del país y otros treinta y cinco monumentos, su efigie decora el billete más valioso y llevan su nombre una ciudad y numerosas avenidas, parques y escuelas.

(Espejos. Una historia casi universal, de Eduardo Galeano, Siglo XXI Editores)





lunes, 22 de junio de 2009

Como el son de las hojas del álamo (Claudio Rodríguez)



Elegimos en este blog a Claudio Rodríguez (Zamora, 1934-Madrid, 1999) como padrino, digamos así, al tomar un verso suyo para darle nombre: Cómo cantaba mayo en la noche de enero (del poema "La mañana del buho", que se halla en su último libro, Casi una leyenda, 1991).

Claudio Rodríguez era un poeta andariego, a quien le gustaba escribir sus versos mientras caminaba por el campo, y él mismo decía que ese ritmo del caminar se advierte en muchos de sus poemas. Recordamos ahora, por esa palabra, su "Canto del caminar" de su primer y deslumbrante libro, Don de la ebriedad (1953). Sin embargo, los versos de hoy pertenecen a su libro Alianza y condena (1965).


COMO EL SON DE LAS HOJAS DEL ÁLAMO

El dolor verdadero no hace ruido.
Deja un susurro como el de las hojas
del álamo mecidas por el viento,
un rumor entrañable, de tan honda
vibración, tan sensible al menor roce,
que puede hacerse soledad, discordia,
injusticia o despecho. Estoy oyendo
su murmurado son, que no alborota
sino que da armonía, tan buído
y sutil, tan timbrado de espaciosa
serenidad, en medio de esta tarde,
que casi es ya cordura dolorosa,
pura resignación. Traición que vino
de un ruin consejo de la seca boca
de la envidia. Es lo mismo. Estoy oyendo
lo que me obliga y me enriquece, a costa
de heridas que aún supuran. Dolor que oigo
muy recogidamente, como a fronda
mecida, sin buscar señas, palabras
o significación. Música sola,
sin enigmas, son solo que traspasa
mi corazón, dolor que es mi victoria.



domingo, 21 de junio de 2009

Remedios Varo







Remedios Varo (1908-1963) fue una pintora surrealista hispano-mexicana.


Verano (Georg Trakl)



Hoy, domingo, día 21 de junio de 2009, a las 07h 46m hora oficial peninsular, ha empezado el verano en el hemisferio norte.



VERANO


Al atardecer calla el lamento
del pájaro en el bosque.
Se inclina la mies,
la roja amapola.

Una negra tormenta amenaza
sobre la colina.
El antiguo canto del grillo
perece en el campo.

Ya no se mueve el follaje
del castaño.
En la escalera de caracol
susurra tu vestido.

En silencio alumbra el candil
en la habitación oscura;
una mano plateada
la apaga.

Quietud del viento, noche sin estrellas.


Georg Trakl

(Versión de Helmut Pfeiffer)




SOMMER
Am Abend schweigt die Klage
des Kuckucks im Wald.
Tiefer neigt sich das Korn,
der rote Mohn.

Schwarzes Gewitter droht
über dem Hügel.
Das alte Lied der Grille
erstirbt im Feld.

Nimmer regt sich das Laub
der Kastanie,
auf der Wendeltreppe
rauscht dein Kleid.

Stille leuchtet die Kerze
im dunkeln Zimmer.
Eine silberne Hand
löschte sie aus.

Windstille, sternlose Nacht.





Georg Trakl (1887-1914) fue un poeta austríaco, uno de los iniciadores de las vanguardias y el expresionismo literario.

Más poemas de Trakl en castellano en A media voz.





sábado, 20 de junio de 2009

Anna Kharina















Está la magia de las palabras, y también la de la luz, como la que encontramos en estas fotografías de paisajes de la joven fotógrafa Anna Kharina (Anna Ritskhe en Flickr), nacida en San Petersburgo.




viernes, 19 de junio de 2009

Contribución a la estadística (Wisława Szymborska)


CONTRIBUCIÓN A LA ESTADÍSTICA

De cada cien personas,

las que todo lo saben mejor:
cincuenta y dos,

las inseguras de cada paso:
casi todo el resto,

las prontas a ayudar,
siempre que no dure mucho:
hasta cuarenta y nueve,

las buenas siempre,
porque no pueden de otra forma:
cuatro, o quizá cinco,

las dispuestas a admirar sin envidia:
dieciocho,

las que viven continuamente angustiadas
por algo o por alguien:
setenta y siete,

las capaces de ser felices:
como mucho, veintitantas,

las inofensivas de una en una,
pero salvajes en grupo:
más de la mitad seguro,

las crueles
cuando las circunstancias obligan:
eso mejor no saberlo
ni siquiera aproximadamente,

las sabias a posteriori:
no muchas más
que las sabias a priori,

las que de la vida no quieren nada más que cosas:
cuarenta,
aunque quisiera equivocarme,

las encorvadas, doloridas
y sin linterna en lo oscuro:
ochenta y tres,
tarde o temprano,

las dignas de compasión:
noventa y nueve,

las mortales:
cien de cien.
Cifra que por ahora no sufre ningún cambio.

Wisława Szymborska

De su libro Instante. Traducción y epílogo de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano. Ediciones Igitur, 1ª ed. 2004.


Wisława Szymborska (1923) es una poetisa polaca. Su obra está considerada como una lírica impregnada de duda metódica con claras intenciones éticas, al estilo del poeta español Antonio Machado; da la casualidad que también como él, se sirve de versos cortos, estrofas clásicas y léxico común, y con estos elementos consigue unos poemas de gran hondura y fuerza. Por el conjunto de su obra, que no es muy numerosa, recibió en 1996, el Premio Nobel de Literatura (EPdLP).





Otra vez Matisse

Bienvenido sea Matisse, de nuevo, para empezar el día.