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el sabroso oficio / del dulce mirar Góngora – ¡Qué difícil es entender la belleza! Günter Eich

miércoles, 12 de enero de 2011

Angola: Kapuścińsky y Assis Pacheco

Ryszard Kapuścińsky en Angola en 1975

Esas personas no saben que aquí todo se sustenta sobre dos hombres.

Uno de ellos es Ruiz, un portugués vivaracho y simpático, piloto de un bimotor DC-3, el único avión que el MPLA tiene en Luanda. Es un aparato fabricado en 1943, con dos motores que escupen nubes de hollín, con las alas mil veces remendadas, unas ruedas gastadas y el fuselaje lleno de agujeros. Sólo Ruiz sabe cerrar la puerta de entrada (aunque no sin dificultad). Con este avión vuela noche y día; a decir verdad, está en el aire las veinticuatro horas. Ruiz vuela a Brazzaville a buscar municiones, luego a las ciudades sitiadas en los confines de Angola, para dejar allí cajas con balas y sacos con harina y recoger –y llevar a Luanda– a los heridos graves. Si Ruiz no llega a tiempo, las ciudades tendrán que rendirse y los heridos morirán. En cierto sentido, el resultado de esta guerra descansa sobre sus hombros. Ruiz vuela a todos los rincones de Angola de memoria, pues los servicios de tierra no existen y ni siquiera sé si funciona la radio de su avión. A menudo ni él mismo sabe en manos de quién se halla el aeródromo en el que está a punto de aterrizar. Ayer lo controlábamos nosotros, pero hoy tal vez esté bajo el control de los otros. Por eso, antes de tomar tierra, da varias vueltas por encima del aeropuerto. A veces reconoce a personas conocidas por sus meras siluetas y entonces reduce la altura y aterriza tranquilamente. Otras veces ve, sin embargo, cómo su avión es blanco de disparos y entonces da media vuelta y lleva a Luanda una mala noticia. En este país sin transportes y sin comunicaciones, Ruiz es quien mejor sabe lo que pasa en los frentes y qué ciudad pertenece a quién. Despega al alba, realiza varios vuelos al día, regresa pasada la medianoche. La llegada de su avión la esperan los hambrientos soldados de Luso, la agonizante guarnición de Novo Redondo, los aislados defensores de Quibala... Ahora la espera Luanda, que no resistirá sin el suministro de municiones. Para encontrarlo, lo más fácil es acudir al aeropuerto vacío, de madrugada, cuando revisa los motores. Una avería en uno de ellos podría inmovilizar el avión y así cambiar el curso de la guerra. Y no hay piezas de recambio. Como tampoco hay mecánicos. Además no se puede prescindir del aparato ni siquiera por un par de horas. Dentro de un instante Ruiz desaparece en el interior de la cabina. Las hélices empezarán a girar, el avión se verá envuelto en espesas e impenetrables nubes de humo negro y todo este montón de chatarra cochambrosa, acompañado por un chirriante estruendo, rodará hacia la pista de despegue.

El segundo hombre de quien ahora depende todo es Alberto Ribeiro, un treinteañero de baja estatura y complexión maciza. Es ingeniero. El frente norte, próximo a Luanda, se extiende a lo largo del Bengo. En una margen de este río se levanta la estación de bombeo que abastece a Luanda de agua. Cuando la estación está fuera de servicio, la ciudad no recibe ni una gota. Como el enemigo lo sabe, no para de bombardear el neurálgico lugar. A veces hace blanco y la estación deja de funcionar. Luanda puede resistir sin agua cinco días, ni uno más. En el trópico la gente no puede aguantar más tiempo sin agua, a lo que se añade el peligro inminente de las epidemias. El único hombre capaz de arreglar estas bombas no es otro que Alberto. Gracias a él, de vez en cuando la ciudad tiene agua, puede existir y defenderse. Si Alberto, al dirigirse a la estación de bombeo muriese en un accidente de coche o fuese alcanzado por un proyectil allí mismo, Luanda tendría que rendirse al cabo de pocos días.

Ryszard Kapuscinski

Un día más con vida (Ryszard Kapuscinski), Compactos Anagrama, 2010 [1ª edición original: 1976]


Angola, 1975 (Fotografía de Sebastião Salgado)


RONDA DE LOS PUEBLOS

Adiós Quissala, Quimuanassala,
Hihinga-Zambi.
Adiós Mussesse, tierras de labor muertas.
Polvo traído por el viento.

Adiós Calala, Canacassala,
Quimaio, Tabi.
El tchimbeco está vacío.
Pasan los pecaríes.

Adiós Hungo, pueblo del Hungo,
Fui allí un viernes
y era ceniza, cosa poca.
El capín va a comerte.

Adiós Cazanga, Quimazanga,
Caguenguele, Mufuca, Praia.
Adiós Quijai, Cabári, Chengue.
Os pudrís al sol.

Fernando Assis Pacheco


RONDA DOS POVOS


Adeus Quissala, Quimuanassala,
Hihinga-Zambi.
Adeus Mussesse, lavras mortas.
Poeira trazida pelo vento.

Adeus Calala, Canacassala,
Quimaio, Tabi.
O tchimbeco está vazio.
Passam os porcos do mato.

Adeus Hungo, povo do Hungo,
Fui lá uma sexta-feira
e era cinza, coisa pouca.
O capim vai comer-te.

Adeus Cazanga, Quimazanga,
Caguenguele, Mufuca, Praia.
Adeus Quijai, Cabári, Chengue.
Apodreceis ao sol.



Reunión en Alvor (Portugal), 15-1-1975. De izquierda a derecha: Almeida Santos, Agostinho Neto MPLA, Melo Antunes, Holden Roberto FNLA, Mario Soares y Jonas Savimbi UNITA
(Fotografía de Fernando Ricardo)