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el sabroso oficio / del dulce mirar Góngora – ¡Qué difícil es entender la belleza! Günter Eich

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Dos versiones de unas palabras de Rimbaud



Una frase del poema en prosa Una temporada en el infierno (Une saison en enfer, 1873) en el original francés, en traducción española y en una traducción portuguesa que leí no recuerdo dónde:


L'enfer ne peut attaquer les païens.

El infierno no puede atacar a los paganos.


O inferno nada pode contra os pagãos.




'Gilda' en 'Mulholand Drive'









martes, 29 de noviembre de 2011

Una ilustración de Georges Barbier (1922)



Una de las ilustraciones realizadas por Georges Barbier en 1922 para el libro Bilitis (1894), de Pierre Louys (1870-1925).

(Vista en Vintage Blog)



Cary Grant - 1953 y años 30






Cary Grant (Bristol, 18 de enero de 1904 – Davenport, Iowa, 29 de noviembre de 1986).

Las fotografías con Debora Kerr pertenecen a la película Dream Wife (1953), de Sidney Sheldon, y la foto publicitaria se remonta a los años treinta.

(Vistas, respectivamente, en las galerías de Susan Lenox y Vintage Stars de Flickr)






Unos versos de Alceo y Vicente Núñez

El Efebo de Agrigento (Foto de esplorasiclia)


Ya toca emborracharse sin medida,
todo el mundo a beber: ¡Mírsilo ha muerto!

Alceo (c. 600 a.C.)



De rosas nunca vestiré mi cuerpo,
ni el dulce mosto volverá a mis labios.
Si granjearme supe vuestras dádivas,
llorad conmigo, pues Lavinio ha muerto.

Vicente Núñez (1926-2002)


Más poemas de Vicente Núñez en A media voz


lunes, 28 de noviembre de 2011

Alberto Giacometti (Yousuf Karsh)


El escultor italiano Alberto Giacometti fotografiado en 1965 por Yousuf Karsh.



"no te pregunto ¿de dónde llegas?" (José Luis Peixoto)

Convento de Cristo, Tomar, Portugal (Fotografía de César Augusto V. R.)



no te pregunto ¿de dónde llegas?,
porque sé adónde vas.
hoy es la hora exacta en que hasta el viento
hasta los pájaros renuncian..
y la noche a tus pies es un instante
y un destino.

no te pregunto dónde está tu rostro,
tantas veces tapado y pisado bajo las ramas,
¿dónde está tu rostro?
ni te pido que incendies tu nombre
en una nube nocturna,
ni te busco.

eres tú quien me encuentra.
te quedas en el río que pasa,
nada de un tiempo que no existe,

ni corrientes, ni piedra, ni musgo.
ni silencio.

José Luis Peixoto


Poema y fotografía encontrados aquí. Traducido por El transcriptor


não te pergunto de onde chegas?,
porque sei para onde vais.
hoje é a hora exacta em que até o vento
até os pássaros desistem..
e a noite a teus pés é um instante
e um destino.

não te pergunto onde está o teu rosto,
tantas vezes ocluso e pisado sob os ramos,
onde está o teu rosto?
nem te peço que incendeies o teu nome
numa nuvem nocturna,
nem te procuro.

és tu que me encontras.
ficas no rio que passa,
nada de um tempo que não existe,

nem correntes, nem pedra, nem musgo.
nem silêncio.





domingo, 27 de noviembre de 2011

Un fragmento del 'Hamburger Concerto' (Focus)



Un fragmento del álbum Hamburger Concerto (1974), del grupo holandés Focus. Aquí se luce como solista el guitarra Jan Akkerman.




Cary y Sofia - 1958


Cary Grant y Sofía Loren en una fotografía publicitaria de la película Te veré en mis brazos (Houseboat, 1958)  realizada por Bud Fraker.


(Vista en skorver1)


Un Schiele





(Visto en la galería de keredrose)






sábado, 26 de noviembre de 2011

Retrato de Charley Toorop (Edgard Fernhout)


Charley Toorop (1891-1955), pintora holandesa cuyo nombre verdadero era Annie Caroline Fernhout-Pontifex Toorop, en un retrato pintado por su hijo Edgar Fernhout (1912 - 1974).

Pueden verse obras de esta pintora en Carmensabes.


Maria Callas por Cecil Beaton - 1957








Rosario Dawson por Katrina del Mar



La actriz Rosario Dawson retratada por la fotógrafa y cineasta norteamericana Katrina del Mar.




viernes, 25 de noviembre de 2011

Sòdades de Cabo Verde (Bana)



Bana, un gigante de la maravillosa música de un pequeño país, Cabo Verde, que tantos buenos músicos y cantantes ha dado.


Sal, Cabo Verde (Fotografía de Jan and Iza)




Nota. El criollo caboverdiano es un idioma originario del archipiélago de Cabo Verde. Es una lengua criolla con base léxica en el portugués y un sustrato de lenguas africanas, originada en la época de la colonización portuguesa.

(Wikipedia)




Caballo real (Eugenio Montejo)

El poeta Eugenio Montejo


CABALLO REAL

Aquel caballo que mi padre era
y que después no fue, ¿por dónde se halla?
Aquellas altas crines de batalla
en donde galopé la tierra entera.

Aquel silencio puesto dondequiera
en sus flancos con tactos de muralla;
la silla en que me trajo, donde calla
la filiación fatal de su quimera.

Sé que vine en el trecho de su vida
al espoleado trote de la suerte
con sus alas de noche ya caída,

y aquí me desmontó de un salto fuerte,
hízose sombras y me dio la brida
para que llegue solo hasta la muerte.

Eugenio Montejo





jueves, 24 de noviembre de 2011

Jardín persa (Helen Frankenthaler)



Jardín persa es un cuadro de la pintora norteamericana Helen Frankenthaler.

(Visto en la galería de Ras Marley)



Jean Seberg en 'Bonjour, Tristesse'

Jean Seberg y Otto Preminger






Jean Seberg y Debora Kerr




La actriz norteamericana junto a la autora de la novela del mismo título
en que se basó el guión de la película, Françoise Sagan

Fotografías realizadas por Georges Dudognon en 1957 durante el rodaje de la película Buenos días, tristeza (Bonjour, Tristesse, 1958), del director Otto Preminger.

(Vistas en Paris Globe)






miércoles, 23 de noviembre de 2011

Presentimiento (Silvina Ocampo)

Presentimiento (Fotografía de Edgard FG)


PRESENTIMIENTO

Durante muchos días me seguiste.
En el canto del pájaro, en las sombras,
en las modulaciones del espacio:
aprendí a conocerte.
Yo sentía tu luz atravesarme
como una flecha de oro envenenada.
Te desobedecía arrepentida.
Me hablabas en secreto.
En los espejos rotos, en la tinta
azul de los cuadernos que dejabas
sobre la mesa de mi dormitorio.
Yo temblaba al mirarte, yo temblaba
como tiemblan las ramas reflejadas
en el agua movida por el viento.
Ahora que conozco tus señales,
tu piel y tus orejas, tu semblante,
no trataré de desobedecerte,
y me arrodillaré frente a tu imagen,
implacable sibila que me sigues.

Silvina Ocampo (1903-1993)


(Leído en el blog da luz & da sombra)


martes, 22 de noviembre de 2011

Una foto de Paul Outerbridge



Una fotografía del fotógrafo norteamericano Paul Outerbridge (1896-1958), Mujer con traje turquesa. Laguna Beach, California (c. 1952).


Sirva como "aperitivo" de una próxima entrada con una muestra más amplia de su obra.


Albinoni para Santa Cecilia

Santa Cecilia (1606), de Guido Reni


Concierto para trompeta, cuerdas y continuo en re menor, de Tomaso Albinoni.

1.Grave
2.Allegro
3.Adagio
4.Allegro

Maurice André: Trompeta
Orchestre de Chambre de Rouen
Albert Beaucamp: Director






lunes, 21 de noviembre de 2011

El método Pilates de El Roto


Publicado hoy en El País.


"Con un vaso de incrustaciones..." (Mahmûd Darwîsh)



Con un vaso con incrustaciones de lapislázuli
espérala

Sobre el lago alrededor de la tarde y el perfume de flores
espérala

Con la paciencia del caballo dispuesto para bajar la montaña
espérala

Con el buen gusto del príncipe magnífico
espérala

Con siete almohadas llenas de nubes ligeras
espérala

Con el fuego del incienso mujer llenando el lugar
espérala

Con el olor del sándalo hombre en torno al dorso de los caballos
espérala

Y no tengas prisa, y si ella llega después de la hora
entonces espérala

Y si ella llega antes de la hora
entonces espérala

Y no asustes a los pájaros que hay en sus trenzas
y espérala

Para que ella se siente descansada como un jardín en el culmen de su belleza
y espérala

Para que respire este aire extraño en su corazón
y espérala

Para que levante el vestido de sus muslos, nube a nube,
y espérala

Y traela al balcón que vea una luna ahogada en leche
espérala

Y ofrécele agua antes del vino, y no
mires las perdices gemelas que duermen sobre su pecho
y espérala

Y tócale la mano muy despacio cuando
posa el vaso sobre el mármol
como si le llevases rocío
y espérala

Habla con ella como una flauta
con la cuerda asustada de un violín
como si fueseis los dos testigos de lo que el mañana os prepara
y espérala

Ilumina su noche anillo a anillo
y espérala
hasta que la noche te diga:
no habéis quedado sino vosotros dos en el mundo

Por lo tanto, llévala con cuidado a tu muerte deseada
y espérala.


Mahmûd Darwîsh

Nació en 1941 en Al-Birwah, en Galilea (Palestina bajo mandato británico) y murió en 2001 en Estados Unidos, en Houston.


Poema originalmente escrito en árabe, traducido al portugués por André Simões en el blog Lavorare stanca, cuya versión traduzco. En la entrada del blog portugués puede escucharse al propio poeta recitar su poema.



domingo, 20 de noviembre de 2011

Un fragmento de 'El rapto en el serrallo'


Die Entführung aus dem Serail (El rapto en el Serrallo o El Rapto del Serrallo) es un singspiel en tres actos, compuesto por Mozart, basado en texto de Gottlieb Stephanie, adaptado de otro libreto de Christoph Friedrich Bretzner. Lleva por número KV 384.

La obra fue estrenada en el Burgtheater de Viena en 1782. En España se estrenó el 3 de enero de 1928 en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona.



Salomé (Jean Benner)



Salomé, pintura de 1899, aproximadamente, de Jean Benner.


sábado, 19 de noviembre de 2011

Una foto de Max Dupain (1936)


Jean con malla de alambre (1936) es una obra del fotógrafo australiano Max Dupain.

(Vista en bite & bites)

Más fotografías de Max Dupain en Cómo cantaba mayo...





viernes, 18 de noviembre de 2011

Camarim (Beth Carvalho)



La cantante carioca Beth Carvalho canta una canción de su paisano, el cantante, compositor y guitarrista Angenor de Oliveira (1908-1980), Cartola.


CAMARIM

No camarim as rosas vão murchando
E o contra-regra dá o último sinal
As luzes da platéia vão se amortecendo
E a orquestra ataca o acorde inicial

No camarim nem sempre há euforia
Artista de mim mesmo nem posso fracassar
Releio os bilhetes pregados no espelho
Me pedem que jamais eu deixe de cantar

Caminho lentamente e entro em contra-luz
E a garganta acende um verso sedutor
O corpo se agita e chove pelos olhos
E um aplauso escorre em cada refletor

Pisando esta ribalta, cantando pra vocês
De nada sinto falta, sou eu mais uma vez
As rosas vão murchar, mas outras nascerão
Cigarras sempre cantam, seja ou não verão


Alvorada, otra canción de Cartola en Cómo cantaba mayo..., pero esta vez cantada por él. Una delicia.



Isaac Newton por William Blake


Increible este Isaac Newton (1795) que nos dejó el poeta y grabador inglés William Blake (1757-1827).



"la estupenda lujuria..." (C. E. de Ory)

Fotografía de Paz Vásquez

Un verso subrayado con lápiz de uno de los poetas preferidos de este blog, el gaditano Carlos Edmundo de Ory:


la estupenda lujuria como nácar



jueves, 17 de noviembre de 2011

¿De qué estábamos hablando? (Jorge Riechmann)

Fotografía de Swiatoslaw Wojtkowiak


¿DE QUÉ ESTÁBAMOS HABLANDO?

(Pese a su título, estas páginas
nada tienen que ver con un curso de defensa personal:
son acaso una conversación
desgarrada entre los dientes y el tiempo
y vuelta a comenzar. Cosa que ya sabías.)

En realidad lo que quería decirte
lo tiene escrito ya Nicanor Parra:

"todo lo que se dice es poesía
todo lo que se escribe es prosa

todo lo que se mueve es poesía

lo que no cambia de lugar es prosa."

Lo más urgente, poesía con valor de uso.
Lo más nefasto, poesía sin valor para el cambio.


Jorge Riechmann


De su libro 27 maneras de responder a un golpe  [Poemas escritos en el otoño de 1989. Publicado inicialmente –junto con Material móvil, en un solo volumen— por Ediciones Libertarias (Madrid 1993)]


(Poema leído en el blog amigo Rua das Pretas)



miércoles, 16 de noviembre de 2011

Una foto de Katrina Kostik


Un autorretrato de  Katrina Kostik, publicado en Flickr.


Una foto de Mia Farrow



La actriz Mia Farrow (fecha y fotógrafo desconocidos).





Sonata para cello y piano (Luis Freitas Branco)



Luis de Freitas Branco (1890-1955) fue un compositor portugués y una de las más importantes personalidades de la cultura portuguesa del siglo XX.

Podemos escuchar aquí el primer movimiento, Moderado, de su Sonata para violonchelo y piano, con Miklós Perényi al chelo y Jeno Jandó al piano.


martes, 15 de noviembre de 2011

A partir del 'Ícaro' de Brueghel (Jarosław Iwaszkiewicz)



Hay un cuadro de Brueghel llamado Icaro. En él se ve a un campesino que ara la tierra en un alto acantilado sobre el mar; un pastor impasible apacienta su rebaño, y un pescador tiende las redes en la costa. A lo lejos, puede vislumbrarse una tranquila ciudad. En el mar navega, con las velas desplegadas, un barco en cuyo puente unos comerciantes discuten sus negocios. En fin, estamos ante los afanes y preocupaciones cotidianos, frente a una vida de simples menesteres y problemas humanos sencillos. ¿Dónde está Icaro? ¿Dónde está aquél que trató de alcanzar el sol? Sólo, si observamos minuciosamente el cuadro, podremos descubrir en un rincón del mar un par de piernas que se sumergen en el agua, y arriba, revoloteando en el aire, unas cuantas plumas que el brusco descenso desprendió de las alas ingeniosamente fabricadas. La caída ha ocurrido hace un instante apenas. Se trata del temerario que, según la leyenda griega, construyó unas alas para volar y se elevó a tal altura que llegó cerca del sol. Sus rayos fundieron la cera con que se había pegado el joven las plumas, y el desdichado se precipitó en el abismo. La tragedia ha ocurrido; helo allí que se hunde y se ahoga en el mar. Pero los hombres nada han advertido. Ni el campesino que ara la tierra, ni el comerciante que navega, ni el pasajero que contempla el cielo, ninguno se ha dado cuenta de la muerte de Icaro. Sólo el poeta o el pintor la han visto y la han transmitido a la posteridad.

Ese cuadro me viene a la memoria cada vez que recuerdo un episodio que me tocó vivir. Era en junio de 1942 o 1943. Un bellísimo crepúsculo de verano descendía sobre Varsovia, un resplandor rosado creaba sombras que embellecían las casas destruidas, y en el hormigueo impetuoso de la multitud que subía a los tranvías para llegar a casa antes del toque de queda, el conjunto de los vestidos civiles ocultaba los uniformes, raros a esa hora. En aquel momento las calles de Varsovia, animadas y bellas en el esplendor de junio, podían dar la impresión de que la ciudad estuviese libre de los invasores. Sólo por un instante…

Esperaba el tranvía en la parada de la esquina de la calle Trebacka con la Krakowskie Przedmiescie. Las rojas carrocerías tranviarias, campanilleaban sonoramente y se alineaban, una tras otra, a lo largo de Krakowskie Przedmiescie. La gente se aglomeraba para subir, saltaba a los estribos, se colgaba de las puertas, se apiñaba tanto dentro como fuera de los vehículos. De cuando en cuando, pasaba a toda prisa un “cero” rojo, reservado a los alemanes, y por ende casi vacío. Debí esperar bastante tiempo un tranvía en el que se pudiese entrar con menos dificultad. Pero, cuando al fin llegó uno, no tenía ya deseos de subir; de improviso le había tomado gusto a aquella multitud que me rodeaba indiferente del todo a mi presencia. Frente a mí, sobre su pedestal, se erguía la estatua de Mickiewicz; en torno al monumento humildes plantas floridas emanaban un grato perfume; los automóviles trazaban con un chirrido la curva frente a la iglesia de las Carmelitas; los muchachos pregonaban a gritos sus periódicos; frente a un resplandeciente escaparate hormigueaban los vendedores de cigarrillos y de pasteles; se cerraban con ruido las puertas metálicas y las rejas de las tiendas; en el jardincillo, los bancos estaban repletos de viejos y jóvenes; gorjeaban los gorriones, fijos ellos también en las ramas de los frágiles arbolillos… Todo esto se sumergía lentamente en el azul crepúsculo de la tarde estival. En ese instante sentía pulsar el corazón de Varsovia, e instintivamente me mezclé entre la multitud para permanecer un poco más de tiempo junto a ella y entre ella y disfrutar de aquel atardecer varsoviano.

En un determinado momento observé a un muchacho que venía por la calle Bernardcka. Apareció detrás de un tranvía en marcha, y se detuvo en el pequeño camellón, de espaldas al ir y venir de la multitud, con la cara vuelta hacia la acera y sin apartar los ojos de un libro con el que había surgido en aquel crepúsculo cada vez más gris. Podía tener quince años, dieciséis a lo sumo. De tanto en tanto, mientras leía, sacudía la rubia cabellera, y, con la mano, apartaba después los cabellos que le caían sobre la frente. Del bolsillo, sobre su cadera, asomaba un segundo libro. El primero lo llevaba abierto frente a los ojos y evidentemente era incapaz de desprenderse de él. Con toda probabilidad, lo había conseguido hacía poco de un compañero o de una biblioteca clandestina, y sin esperar a la llegada a casa, se mostraba impaciente por conocer el contenido, aún en la calle. Me desagradaba no saber qué libro era; de lejos parecía un manual, pero me decía que ningún manual puede despertar tan vivo interés en un joven. ¿Serían versos? ¿Tal vez un libro de economía? No lo sé.

El muchacho permaneció un poco en el camellón, inmerso en la lectura. No hacía caso de los empellones, ni de la multitud que se apiñaba alrededor de los vehículos. Detrás de él se asomó más de una cara enrojecida, pero él seguía sin apartar la mirada del libro. Y después, siempre con el libro bajo los ojos, tal vez molesto por los empujones y el estrépito, o tal vez asaltado de improviso por una necesidad inconsciente de llegar a su casa, lo vi descender a la calzada, frente a un automóvil que apareció en aquel instante.

Se oyó el chirrido violento de los frenos y el silbido de los neumáticos sobre el asfalto. Con la intención de evitar el choque, el conductor viró bruscamente y detuvo en seco el vehículo en la esquina de la calle Trebacka. Advertí, lleno de espanto, que era un coche de la Gestapo. El muchacho del libro trató de esquivar el automóvil, pero inmediatamente se abrió la portezuela posterior y dos individuos, con el casco adornado por una calavera, saltaron a la calle. Se hallaban exactamente frente al muchacho. Uno de ellos gritó algo con voz gutural y el otro, trazando con el brazo un gesto circular, invitó con mofa al muchacho a subir.

Aún ahora puedo ver a aquel joven, detenido frente a la portezuela, confuso, totalmente avergonzado… Veo cómo se disculpaba, cómo movía la cabeza en un ingenuo gesto de negación, semejante a un niño que promete: “No lo volveré a hacer”… Parecía estar diciendo: “No he hecho nada… sólo esto…”, e indicaba el libro que había producido su descuido. Como si hubiese sido posible explicar alguna cosa. Se negaba a subir al auto, como en un último impulso de la vida que estaba perdiendo.

El gendarme le pidió los documentos, le arrebató de las manos la carta de identidad que había extraído de un bolsillo, y con un gesto violento, lo empujó hacia el interior. El otro lo ayudó. Subió el muchacho y tras él los hombres de la Gestapo; la portezuela se cerró y el vehículo partió bruscamente, dirigiéndose a toda velocidad hacia la avenida Szucha…

Lo perdí de vista. Desolado por lo ocurrido, miré en torno mío, buscando comprensión en alguien. El muchacho del libro había desaparecido para siempre. Con el más grande estupor, comprobé que nadie se había dado cuenta del suceso. De manera tan fulminante se había desarrollado lo que he descrito. Todos los peatones que formaban aquella multitud se hallaban tan ocupados en sus propios afanes, que el rapto del muchacho les había pasado inadvertido. Unas señoras que había a mi lado discutían si era conveniente tomar tal o cual tranvía, dos tipos encendían sus cigarrillos tras el poste de la parada, una vieja con una cesta en la mano junto a la pared, repetía sin tregua su “Limones, limones magníficos, limones…”, como un conjuro budista, y otros jóvenes corrían por la calle tras el tranvía que se iba, arriesgándose a terminar bajo un automóvil… Mickiewicz estaba allí, tranquilo, y las flores exhalaban un suave perfume; un leve vientecillo agitaba las tiernas ramas en derredor del monumento. La desaparición de aquel joven no había significado nada para nadie. Sólo yo había visto ahogarse a Icaro. Permanecí allí aún mucho tiempo, aguardando que la multitud se disgregase. Pensaba que tal vez Michas, así lo llamé en la imaginación, volvería. Me imaginaba su casa, sus padres que esperaban su regreso, a la madre mientras preparaba la cena, y no podía resignarme a que ellos no pudiesen saber de qué manera había desaparecido su hijo. Conociendo las costumbres de nuestros ocupantes, preveía que no habría podido liberarse de sus tentáculos. ¡Y todo había ocurrido de un modo tan estúpido! La insensata crueldad de aquel secuestro me sobresalta y me turba todavía.

Aquellos que han muerto en las batallas, que sabían por qué morían, encontraron tal vez consolación en la idea de que su muerte tenía sentido. Pero quienes como mi Icaro han sido sumergidos en el mar del olvido por una razón tan cruel como insensata…

Llegó la noche. La ciudad se adormecía en un sueño febril, malsano… Me aparté por fin de la parada, pasé junto al monumento de Mickiewicz, y me dirigí a pie hacia mi casa… Mientras continuaba persiguiéndome la imagen de Michas, que movía la cabeza como si dijera: “No, no, la culpa es del libro… En adelante, tendré más cuidado…”‘

Jarosław Iwaszkiewicz

Jarosław Iwaszkiewicz (Kalnik, Ucrania, 1894 - 1980) fue un destacado escritor polaco del siglo XX, poeta, dramaturgo, ensayista, crítico y traductor.

Andrzej Wajda llevó al cine dos de sus obras, Las señoritas de Wilko y El bosque de abedules.





Texto leído en el blog La canción de la sirena, ahora Me sabe a)mar


lunes, 14 de noviembre de 2011

Un estudio en Montparnasse (Chistopher Nevinson)



Un estudio en Montparnasse  (1926) del pintor inglés Christopher R.W. Nevinson (1889-1946)




De joven no sabía (Xin Qiji)

Otoño chino (Fotografía de Tommy Bella)


DE JOVEN NO SABÍA
(Escrita en un muro de camino a Boshan)

De joven no sabía el gusto de la pena,
subía a la torre.
Subía a la torre,
a cantar una pena fingida.

Mas hoy sé bien el gusto de la pena,
y ya no quiero contarlo.
Ya no quiero contarlo,
solo decir qué hermoso, el frío otoño.

Xin Qiji (辛弃疾)

(Leído en studiolum.com)


domingo, 13 de noviembre de 2011

Un corte de pelo de 1953



Un  nuevo corte de pelo "a la italiana" (julio de 1953) en una fotografía de Yale Joel (1919-2006), que perteneció al equipo de fotógrafos de la revista LIFE.

(Visto en skorver1 - Flickr)



Like Someone in Love (Chet Baker)




LIKE SOMEONE IN LOVE

Lately I find myself out gazing at stars
Hearing guitars like someone in love
Sometimes the things I do astound me
Mostly whenever you're around me

Lately I seem to walk as though I have wings
And to sing like someone in love
Each time I look at you I'm light as a cloud
And feeling like someone in love

Sometimes the things I do astound me
Mostly whenever you're around me

Lately I seem to walk as though I have wings
Run into things like someone in love
Each time I look at you I'm light as a cloud
And feeling like someone in love
Like someone in love
Like someone in love



sábado, 12 de noviembre de 2011

El Gran Bar (Alberto Sughi)


El Gran Bar es una obra del pintor italiano Alberto Sughi (1928).


(Vista en la galería de Ras Marley)



viernes, 11 de noviembre de 2011

Una foto de Manuel Álvarez Bravo



Lucy, versión moderna de Santa Lucía, es una obra del gran fotógrafo mexicano Manuel Álvarez Bravo.




The Peacocks (Stan Getz y Jimmy Rowles)


Un tema del disco Stan Getz presents Jimmy Rowles. The Peacocks. ¡Qué dos músicos! "The Peacocks" es un tema compuesto precisamente por Jimmie Rowles y en él tocan los dos solos, sin la sección rítmica. El piano de Rowles y el saxo tenor de Stan Getz. Una delicia.







Autorretrato - ¡Qué lástima! (León Felipe)

Iglesia de Santa María de Tábara (Zamora) - Fotografía de Antramir

"Debí nacer en la entraña en la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada"



AUTORRETRATO - ¡QUÉ LÁSTIMA!

¡Qué lástima!
Que yo no pueda cantar a la usanza de este tiempo
lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima que yo no pueda entonar
con una voz engolada esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma,
la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra,
desde una raza a otra raza,
como pasan esas tormentas de estío
desde ésta a aquella comarca.
¡Qué lástima que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña en la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada:
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la montaña.
Después... ya no he vuelto a echar el ancla
y ninguna de estas tierras me levanta ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
y el retrato de un mi abuelo
que ganara una batalla.
¡Qué lástima que yo no tenga un abuelo
que ganara una batalla, retratado
con una mano cruzada en el pecho,
y la otra mano en el puño de la espada!
¡Qué lástima que yo no tenga siquiera una espada!
Porque... ¿qué voy a cantar
si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo
que ganara una batalla,
ni un sillón viejo de cuero,
ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy
un paria que apenas tiene una capa!
Sin embargo... en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también.
Y todo mi ajuar se halla en una sala muy amplia
y muy blanca que está en la parte más baja
y más fresca de la casa. Tiene una luz muy clara
esta sala tan amplia y tan blanca...
Una luz muy clara que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas leyendo en mi libro y viendo
cómo pasa la gente al través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen
arrastrando sus miserias de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana siempre,
y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia tiene su cara en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa...
Ella entonces me llama ¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de mala gana,
ni se para en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala, muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.

Y en una tarde muy clara, por esta calle tan ancha,
al través de la ventana, vi cómo se la llevaban
en una caja muy blanca... En una caja muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana...
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre
el cristalito de aquella caja tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por este cristal de mi ventana...
Y la muerte también pasa...
¡Qué lástima!
Que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo
que ganara una batalla,
ni un sillón viejo de cuero,
ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria que apenas tiene una capa...
venga forzado a cantar, cosas de poca importancia!

León Felipe  (Tábara, Zamora, 1884 - Ciudad de México, 1968)

De su libro Versos y oraciones del caminante (escrito en 1917 y publicado en 1920)




Nijinski y su hija

El bailarín ruso Vaslav Nijinski (1890-1950) fotografiado por el Barón de Meyer en 1911


Kyra Nijinski (1914-1998) fotografiada por Cecil Beaton en 1935