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el sabroso oficio / del dulce mirar Góngora – ¡Qué difícil es entender la belleza! Günter Eich

lunes, 4 de junio de 2018

40 años de la muerte de Jorge de Sena



Se cumplen 40 años de la muerte de una de las figuras señeras de la cultura portuguesa del siglo XX:

Jorge de Sena (Lisboa, 2 de noviembre de 1919 - Santa Bárbara, California, 4 de junio de 1978) fue un poeta, crítico, ensayista, novelista, dramaturgo, traductor y profesor universitario portugués.


ELOGIO DE LA VIDA MONÁSTICA

Antiguamente, una persona se retiraba del mundo,
se amortajaba en vida, se hacía monje,
o porque la vida le había dado todo y sobrevenía la agonía,
o porque renunciaba a luchar con ella por lo que no venía nunca
(ni siquiera incluso bajo la forma de agonía que facilitase las cosas).
Después, como el espíritu necesita ocuparse en algo,
la persona trataba de salvar su propia alma,
de mortificar su cuerpo, y se preparaba para la muerte
(un accidente para el que sólo por la feliz casualidad de haber nacido,
una persona, en aquel tiempo sin recurso alguno,
estaba, por estar viva, siempre preparada).
Era una jubilación honrosa, mirada con respeto,
y que no podía dejar de ocupar la soledad
como gente y amor no habían ocupado la vida.
Era un estar solo, rodeado de calor humano,
sin los inconvenientes y la incomodidad
que la convivencia humana trae consigo,
desde los sentimientos de más a los sentidos de menos,
o al hecho lamentable de que quien amamos no huela
como quisiéramos: a una mezcla de rosas y sexo,
con algo de imaginación de como huele el amor.

Hoy, ya no hay mundo
del que una persona pueda retirarse.
El mundo se ha retirado de nosotros. Y la soledad
es como un convento gigantesco en que,
en la calle, en los transportes colectivos, en la cama,
miramos al vecindario con la misma convicción
con que los carmelitas descalzos al cruzarse en el claustro
se saludaban mutuamente diciendo
que era necesario morir.
En el dolor, en la alegría, en el placer, en todo,
somos monjes laicos cuya muerte sobreviene
de cualquier manera estúpida y sin gracia.
Y nuestra mirada de asombro no es la de haber sido
pillados por sorpresa antes de que el alma esté salvada,
sino la de que ella esté salvada, desde que el mundo
se ha retirado de nosotros. Es la mirada de asombro del funcionario público
que descubre, al contarle el tiempo de jubilación,
que nunca había figurado en la nómina,
ni en la relación de funcionarios titulares,
o incluso ni siquiera en las listas de la oficina
de desempleo. No tiene derecho siquiera
a la agonía que sin embargo siente como antiguamente
se sentía la que justificaba todo:
el placer de decidir entre dos cosas:
irse o quedarse, estar o partir,

tener un alma que jugar y perder.

26/9/65


Jorge de Sena


(Traducido por El transcriptor)



ELOGIO DA VIDA MONÁSTICA

Outrora, uma pessoa retirava-se do mundo,
amortalhava-se em vida, fazia-se monge,
ou porque a vida lhe dera tudo e a agonia sobrevinha,
ou porque desistia de lutar com ela pelo que não vinha nunca
(nem mesmo sob a forma de agonia que facilitasse as coisas).
Depois, porque o espírito precisa de ocupar-se,
a pessoa tratava de salvar a própria alma,
de mortificar o corpo, e preparava-se para a morte
(um acidente para que só pelo acaso feliz de ter nascido,
uma pessoa, naquele tempo sem recurso algum,
estava, por estar viva, sempre preparada).
Era uma aposentadoria honrosa, olhada com respeito,
e que não podia deixar de encher a solidão
como gente e amor não tinham preenchido a vida.
Era um estar só, rodeado de calor humano,
sem os inconvenientes e a incomodidade
que o convívio humano traz consigo,
desde os sentimentos a mais aos sentidos a menos,
ou ao facto lamentável de quem amamos não cheirar
como quereríamos: a um misto de rosas e de sexo,
com alguma imaginação de como o amor cheira.

Hoje, não há mais mundo
de que uma pessoa possa retirar-se.
O mundo se retirou de nós. E a solidão
é como um convento gigantesco em que,
na rua, nos transportes colectivos, na cama,
olhamos a vizinhança com a mesma convicção
com que os carmelitas descalços ao cruzarem-se no claustro
mutuamente se saudavam dizendo
que era preciso morrer.
Na dor, na alegria, no prazer, em tudo,
somos monges laicos cuja morte sobrevém
de uma qualquer maneira estúpida e sem graça.
E o nosso olhar de espanto não é o de termos sido
colhidos de surpresa antes de estar salva a alma,
mas o de ela estar salva, desde que o mundo
se retirou de nós. É o olhar de espanto do funcionário público
que descobre, ao contarem-lhe o tempo de aposentadoria,
que nunca figurara na folha de pagamento,
nem no quadro dos funcionários efectivos,
ou mesmo sequer nas listas do comissariado
do desemprego. Não tem direito sequer
à agonia que todavia sente como antigamente
era sentida a que justificava tudo:
o prazer de decidir entre duas coisas:
o ir ou o ficar, o estar ou o partir,

o ter-se uma alma que jogar e perder.



In Tempo de Peregrinatio ad Loca Infecta (1959-1969), 40 anos de Servidão. Círculo de Poesia, Moraes Editores, 2ª edição revista. 1982.


Otro poema de Jorge de Sena: "A los cincuenta años..."



(Fotografía de Francisco Oliveira: Monasterio de Tibães, Braga)





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